Incremento en los precios del petróleo puso en vilo al mundo
Una fuerte subida de los precios del petróleo, que este año alcanzaron sus niveles más altos de la última década, desencadenó en Europa un ola de movilizaciones que pusieron al Reino Unido al borde del caos.
LONDRES .- Una fuerte subida de los precios del petróleo, que este año alcanzaron sus niveles más altos de la última década, desencadenó en Europa un ola de movilizaciones que pusieron al Reino Unido al borde del caos.En un hecho sin precedentes desde noviembre de 1990, en plena crisis del golfo Pérsico, los precios del crudo Brent se dispararon en septiembre en el mercado de materias primas de Londres hasta rebasar la barrera de los 34 dólares por barril.La subida resultaba aún más notable si se tenía en cuenta que hacía tan sólo un año y medio el barril de Brent se había cotizado en los mercados internacionales a diez dólares.El encarecimiento meteórico del crudo agotó la paciencia de los transportistas europeos, molestos por el gravamen nacional del carburante.Fue precisamente en Francia, cuna de tantas revoluciones, donde primero se movilizaron los camioneros para protestar por el elevado precio del combustible.Con el bloqueo de refinerías y depósitos de carburante, los manifestantes dejaron sin existencias a casi el noventa por ciento de las 17.000 gasolineras repartidas por todo el territorio galo.Ya estaba servida la llamada "crisis del petróleo" y el primer ministro francés, Lionel Jospin, se vio obligado a reunirse con su Gobierno para buscar una solución a un problema que se había enquistado en la economía del país.Presionado por una situación insostenible, París cedió finalmente a las reivindicaciones de los transportistas y accedió a rebajar 35 céntimos de franco el litro de gasóleo para el 2000.Cuando parecía que la paz se había instalado en el continente, la "revuelta" cruzó el Canal de la Mancha y resucitó en el Reino Unido, el país con el combustible más caro de la Unión Europea (UE).Resueltos a seguir el ejemplo de sus colegas franceses, los camioneros británicos pusieron sus vehículos a disposición de una causa que no creían perdida: presionar al Gobierno del primer ministro, Tony Blair, para lograr una rebaja en los impuestos del combustible.Transportistas, ganaderos y taxistas bloquearon refinerías y depósitos de carburantes y forzaron a un tercio de las gasolineras del país a colgar el cartel de "Vacío" o "No hay combustible".Los hospitales, los colegios y el transporte público comenzaron a acusar la falta de combustible y sumieron a la nación en una atmósfera de nerviosismo y ansiedad.Ante semejante presión, el Gobierno laborista, que afrontó la peor crisis desde su llegada al poder en 1997, tuvo que recurrir a la escolta policial para garantizar la libre circulación de los camiones cisterna.Pese a la gravedad de la situación, Blair, poco presto a las concesiones por temor a un desequilibrio presupuestario, se mantuvo "en sus trece" y la única concesión que hizo a los camioneros fue la congelación del gravamen del carburante hasta el 2002.El precedente sentado en Francia y el Reino Unido se propagó como la pólvora por Europa y países como Bélgica, Alemania e, incluso, España sufrieron las consecuencias de protestas y bloqueos dentro de sus fronteras.En todo caso, los esfuerzos de los gobiernos nacionales por frenar el incremento de los precios del crudo se presentaban como una solución parcial porque el problema alcanzaba dimensiones internacionales.Hasta mediados del pasado agosto, el precio del petróleo en Londres subió en torno al 29 por ciento, pese a los dos aumentos de la producción decretados por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).Pero, aunque la producción se había incrementado, la demanda había subido, estimulada por la recuperación de las economías en Europa y Asia y la sostenida fortaleza de la estadounidense.Los mercados mostraron también su preocupación por los niveles de reservas de esta materia prima en Estados unidos, el principal país productor, pues el Instituto Americano del Petróleo (API) había situado su almacenamiento de crudo en el nivel más bajo de los últimos 24 años.Así, una vez que se dispararon los precios, no sólo en Londres, sino también en Nueva York, la OPEP cedió a las presiones de los gobiernos occidentales y decidió, el 10 de septiembre, un tercer aumento de su oferta al inyectar 800.000 barriles diarios.




