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El centro espacial Kennedy: un arca de Noé a la sombra de los cohetes

El centro espacial Kennedy, un vasto terreno en las costas de Florida desde donde despegan cientos de cohetes y naves espaciales, es una especie de arca de Noé que alberga más de 500 especies de animales y más de 1.000 tipos de plantas.


CABO CAÑAVERAL - El centro espacial Kennedy, un vasto terreno en las costas de Florida desde donde despegan cientos de cohetes y naves espaciales, es una especie de arca de Noé que alberga más de 500 especies de animales y más de 1.000 tipos de plantas.
"La vida salvaje es una prioridad para la NASA", dijo a la AFP Johanna Taylor, encargada del Refugio Nacional de la Naturaleza de Merritt Island. En su palabras, los empleados "viven con la naturaleza".
Las aves, garzas, pelícanos, águilas y buitres surcan permanentemente el cielo. En tierra, no es raro ver cocodrilos apenas a cien metros del edificio de ensamblado de las naves, y basta con mirar a cualquier punto del agua para ver a los peces.
El santuario fue creado en 1962, cuando la agencia espacial estadounidense unió a sus terrenos de Cabo Cañaveral una gran extensión de pantanos situados en la isla vecina de Merritt. Al año siguiente, confió la gestión de ese territorio de más de 56.000 hectáreas al Departamento del Interior, a fin de crear un refugio natural.
Desde entonces, según su responsable, Dorn Whitmore, 330 especies de aves, 31 de mamíferos, 117 de peces, 68 de anfibios y de reptiles viven en ese terreno, que sin embargo es más célebre por sus misiones espaciales que por la protección medioambiental.
El centro se enorgullece también de albergar 21 especies amenazadas o en peligro de extinción, como tortugas, águilas americanas, cigüeñas, halcones, serpientes. El número de manatíes pasó de menos de 80 en los años 70 a casi 400 actualmente, precisó Dorn Whitmore.
Además, la banda de tierra ocupada por la NASA, de unos 60 por 20 km, "es la más larga sección de playas no tocadas de la costa atlántica de Florida", destacó. La gestión de esta zona preservada comprende además zonas sin barcos para los manatíes y los delfines, bandas costeras océanicas, pantanos o estanques de agua dulce, entre otros ecosistemas para la protección de las especies.
El fuego también forma parte de la reserva, pues se realizan incendios intencionados bajo control para permitir la diversificación de la vegetación y "evitar que la NASA y los lanzamientos provoquen un incendio incontrolado", explicó Whitmore.
La protección de la naturaleza no tiene de hecho consecuencias para la NASA, aunque la agencia tuvo que podar los arbustos que sembró a lo largo de la pista de aterrizaje de las naves, ya que sus bayas atraían a miles de pájaros.
En la zona de tiro, donde la nave está colocada desde semanas antes del lanzamiento, una persona vigila permanentemente con cámaras el gran tanque de combustible, cuya espuma de aislamiento atrae a toda suerte de especies volátiles, como los buitres, que adoran arañarla, o los murciélagos, que gustan de suspenderse en ella.

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