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EMPATE PRESIDENCIAL CONFIRMA LA EXISTENCIA DE DOS CHILES

El empate registrado entre el candidato oficialista a la presidencia, Ricardo Lagos, y el opositor, Joaquín Lavín, en los comicios celebrados este domingo evidencia una polarización política en Chile.

El empate registrado entre el candidato oficialista a la presidencia, Ricardo Lagos, y el opositor, Joaquín Lavín, en los comicios celebrados este domingo evidencia una polarización política en Chile.

Los resultados del computo oficial con el 99,33 por ciento de los votos escrutados obliga a Lagos y a Lavín a enfrentarse en una segunda vuelta el próximo 16 de enero, ya que ninguno de los dos alcanzó el 50 por ciento más uno de los sufragios.

El candidato socialista obtuvo un 47,96 por ciento, apenas un 0,44 por ciento mas que el aspirante de la derecha, Joaquín Lavín, quien sumó el 47,52 por ciento.

La segunda ronda electoral, mecanismo establecido en la Constitución de 1980 y que por primera vez se pondrá en práctica en Chile, fue pronosticada por todas las encuestas de las últimas semanas, que apuntaban a un empate técnico o bien a una ventaja insuficiente a favor de Lavín.

Las cifras desconcertaron a los partidarios de Lagos y llenaron de alegría y asombro a los "lavinistas", muchos de los cuales recorrieron las calles céntricas de Santiago en ruidosas caravanas de automóviles.

Los resultados también sorprendieron, aunque de forma desagradable, a los cuatro candidatos minoritarios, quienes juntos apenas sumaron el 4,52 por ciento de los votos, lo que confirmó la polarización política del país que dejó atrás definitivamente el tradicional reparto político en tres tercios: izquierda, centro y derecha.

La candidatura más castigada entre las opciones minoritarias fue la de la comunista Gladys Marín, a quien las encuestas daban entre el 6 y el 10 por ciento de los sufragios y, sin embargo, sólo consiguió el 3,19, por detrás del 4,69 por ciento logrado por el sacerdote Jorge Pizarro en 1993, que postuló en la candidatura comunista.

A la hora de las recriminaciones, algunos dirigentes del comando del candidato Ricardo Lagos apuntaron con el dedo a Gladys Marín, ya que, en su opinión, restó votos a la Concertación y favoreció a sus más acérrimos enemigos políticos, la derecha pinochetista.

Sin embargo, admitieron que la crisis económica y la recesión que afectó al país el último año y que desencadenó un fuerte incremento del índice de desempleo fueron los factores que pesaron a la hora de decidir el voto.

En esta elección, la más reñida de la última década tras 17 años de dictadura, el estilo de las campañas fue también fundamental para el triunfo de Lavín, de 46 años, militante de la ultraderechista Unión Demócrata Independiente (UDI).

Lavín contó con especialistas en mercadotecnia para diseñar su campaña, y con los servicios de algunos de los expertos españoles que en 1996 trabajaron para el entonces candidato del Partido Popular y hoy presidente del Gobierno, José María Aznar.

Con una cara renovada e inaugurando un inédito discurso populista, el abanderado de la Alianza por Chile, ideólogo económico del régimen militar, cambió su manera de vestir, hablar e incluso peinarse, además de renegar de su pasado pinochetista e intentar fallidos acercamientos a los familiares de las víctimas de la dictadura.

Con el lema "Viva el Cambio", una sonrisa permanente en los labios y un rostro amable, Lavín recorrió todo el país, prometió un millón de empleos, tapizó las ciudades de propaganda y repartió afiches, fotografías y autógrafos, chapas y camisetas.

Según la opinión de diversos analistas políticos, el empate le permite a Joaquín Lavin situarse con buenas perspectivas para disputarle al socialista Lagos la victoria en los comicios presidenciales.

En ese caso, el aspirante de la Alianza por Chile se convertiría en el primer representante de la derecha chilena que llega a la presidencia tras ganar unas elecciones desde 1958, cuando Jorge Alessandri se proclamó vencedor.

Al contrario, para Ricardo Lagos, de 61 años, abogado y economista de militancia socialista, el empate supone un fuerte impacto psicológico entre sus simpatizantes, que contaban con una victoria casi segura en la primera vuelta.

Los dirigentes de la Concertación, coalición que aglutina a socialdemócratas y democristianos, tiene la difícil tarea de revertir el ánimo triunfalista de la derecha y su impacto en el electorado, sobre todo en el millón de personas que se abstuvieron en esta vuelta

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