VOLVIERON LAS ABEJAS A LOS TECHOS DEL PALACIO DE LA OPERA DE PARIS
Por Juan Angel Torti <BR>PARIS, (AFP) - Miles de abejas "parisienses", que hasta hace unos ocho años habían vivido en dos colmenas instaladas por el jefe de utilería en los techos del Palacio Garnier -y que fueron retiradas cuando el apicultor ...
Por Juan Angel Torti
PARIS, (AFP) - Miles de abejas "parisienses", que hasta hace unos ocho años habían vivido en dos colmenas instaladas por el jefe de utilería en los techos del Palacio Garnier -y que fueron retiradas cuando el apicultor jubiló-, volvieron a su antiguo hogar al ser vueltas a instalar las dos colmenas a pedido de la administración de la célebre Opera de París.
Ahora, la deliciosa y "rara" miel es envasada en elegantes frascos de 125 gramos que llevan una etiqueta que dice "miel recogida en los techos de la Opera de París", y son vendidos a treinta y cinco francos (unos seis dólares) en las boutiques de las óperas Garnier y Bastilla y en elegantes tiendas de comestibles como Chez Fauchon.
Entrevistado por la AFP, Jean Paucton, el jubildo utilero-apicultor, señaló que "echaba de menos los tiempos en que en medio de los ensayos de óperas y ballet subía a los techos del palacio para visitar a sus protegidas, las que le daban una exquisita miel tres veces por año".
"Incluso Rudolf Nouriev la consumía, y para qué hablar de mis amigos utileros -entre ellos el chileno Paco de Arauco-, que siempre me pedían que les regalara un frasquito", narró Paucton.
Al jubilar e instalarse en Yvelines, una periferia al noroeste de la capital, no tuvo más remedio que llevarse sus dos colmenas y durante meses los empleados que subían a los techos de la ópera veían pequeñas nubes de abejas que buscaban su desaparecido hogar.
Pero las abejas no son los únicos seres "misteriosos" que viven en el maravilloso palacio construido a mediados del siglo pasado por Charles Garnier.
En el primero de los cinco subterráneos que tiene el gigantesco edificio, Garnier construyó dos lagos artificiales. El primero, de 2.500 metros cúbicos, sirve para almacenar las aguas que inevitablemente se filtran de la capa freática, y debe ser vaciado al Sena cada veinte años. El segundo, de 160 metros cúbicos, servía hasta comienzos de siglo para refrescar la sala (de 2.131 butacas) por medio de un ingenioso sistema de aspiración y lanzamiento desde el techo de agua pulverizada.
Hace unos 25 años, uno de la decena de bomberos que viven en el edificio para vigilar algún posible incendio, lanzó al lago una pareja de barbos fluviátiles y otra de tencas, que terminaron habituándose perfectamente a su nuevo habitat.
Se fueron reproduciendo y hoy en día son más de una docena. Algunos de esos peces miden más de un metro y son alimentados semanalmente por el bombero-piscicultor, que los muestra de vez en cuando a algunos privilegiados (y atónitos) visitantes de la ópera




