LA MUERTE Y EL AZAR ACOMPAÑARON LA CONQUISTA DEL ESPACIO
La muerte y el azar fueron los copilotos de la cosmonáutica soviética a lo largo de las cuatro décadas de la historia de la conquista del espacio. <Br> Los cadáveres de Dobrovolski, Vólkov y Patsáyev, los tres cosmonautas soviéticos muertos ...
La muerte y el azar fueron los copilotos de la cosmonáutica soviética a lo largo de las cuatro décadas de la historia de la conquista del espacio.
Los cadáveres de Dobrovolski, Vólkov y Patsáyev, los tres cosmonautas soviéticos muertos por despresurizarse en 1971 su nave Soyuz-11, regresaron a la Tierra momificados.
Esta es una de las revelaciones que publica la prensa rusa tras la celebración, el 4 de octubre, del 40 aniversario del lanzamiento del primer satélite artificial de la Tierra, pues tras los sonados éxitos de la cosmonáutica se ocultaban bastantes fracasos y tragedias humanas.
Las autoridades prefieren ocultar las páginas más oscuras de la historia de la cosmonáutica, como la construcción del primer cosmódromo soviético, Baikonur, a cargo de presos de los campos de concentración estalinistas, miles de los cuales fallecieron durante las obras.
El mundo entero lloró en noviembre 1959 la muerte de Layka, la perra más famosa del planeta, que se quemó en el espacio cinco días después de alcanzar la gloria.
Lo que no sabía el mundo es que Layka fue sacrificada no en aras de la ciencia, sino de la ambición política.
Dos años después de que la URSS lanzara el Sputnik, el entonces líder soviético Nikita Jruschov exigió "otra victoria" sobre Estados Unidos y Layka fue enviada a una muerte segura a bordo de un ingenio sin módulo de descenso.
Once años antes la carrera espacial ya había cosechado su primera víctima humana, pues en 1948 el capitán Kiseliov, cuyo nombre de pila se desconoce, se cayó de los andamios de uno de los primeros cohetes soviéticos, prototipo de los futuros conquistadores del espacio.
El semanario ruso "Ogoniok" calculó recientemente que, en los más de 35 años de vuelos tripulados al espacio, la Humanidad ha perdido 66 astronautas: algunos de ellos perecieron en misión, la mayoría en la Tierra, pero el caso es que sólo dos fallecieron de muerte natural y ninguno llegó a los 70 años.
Yuri Gagarin, el primer hombre que voló al espacio en abril de 1961 en la nave Vostok-1, murió siete años después durante un vuelo de prueba en un avión militar.
Lo que se conoce menos es que al regresar de la primera misión, Gagarin se catapultó y aterrizó en paracaídas, mientras que la cápsula de descenso, expuesta hoy en el Museo del Espacio, llegó vacía, según el diario "Komsomolskaya Pravda".
Las autoridades soviéticas ocultaron aquel hecho, ante el temor de que Estados Unidos cuestionara la primacía de la URSS en vuelos pilotados.
El médico personal de Gagarin reveló el año pasado que los responsables del programa espacial temían que se volviese loco debido a la soledad y la ingravidez, por lo que bloquearon los controles manuales de la nave "Vostok-1" en la que realizó su histórico viaje.
En octubre de 1960, los responsables del vuelo quisieron posponer el lanzamiento de un nuevo cohete, R-16, por indicios de desperfectos, pero el mariscal Mitrofán Nedelin, recién nombrado comandante de las Fuerzas Estratégicas, encargadas del espacio, ordenó seguir adelante.
Para demostrar su confianza en el ingenio, el mariscal sacó del búnker una silla y se sentó al pie del cohete, aún rodeado de técnicos, cuando de repente se activó espontáneamente la segunda etapa del cohete.
En los archivos se conserva una grabación de aquel incendio, en el que murieron incineradas unas 70 personas, entre ellas el mariscal, y otras tantas perecieron después por intoxicación con gases.
Aquel fue uno de los pocos casos en que se logró establecer al culpable, la diseñadora de un microchip erróneo que activó el cohete, pero para silenciar el caso sólo fue despedida.
Vladimir Komarov murió en 1967 en la primera nave de la serie Soyuz, debido a un fallo del paracaídas. La cápsula de descenso de incrustó en la Tierra y el golpe fue tan potente que la cabeza del cosmonauta se separó del cuerpo.
La Soyuz-11 regresaba a Tierra cuando en el lugar de la cerradura apareció un agujero del tamaño de una moneda. Quince segundos más tarde los tres tripulantes estaban muertos.
Cuando los técnicos abrieron la cápsula encontraron sus cuerpos momificados, pues estaban totalmente deshidratados por el vacío.
En 1965, Alexéi Leónov regresaba con Pável Beliayev en la Vosjod-2 tras efectuar la primera caminata espacial, cuando la Tierra les avisó de que su nave no obedecía las órdenes.
Tomaron ellos mismos el mando de la nave y aterrizaron en la taigá siberiana, donde fueron encontrados tres días después por un cazador, aunque las autoridades aseguraron que regresaron felizmente y estaban descansando.
También la Soyuz-12 tripulada manualmente por Oleg Makárov aterrizó en 1973 a veinte centímetros de un desfiladero y no cayó porque el paracaídas se enganchó a un árbol.
Los cosmonautas fueron recogidos por un helicóptero guardabosques que los confundió con turistas extraviados.
Según una extraña regla general, los cosmonautas soviéticos fallecían con mayor frecuencia durante los aterrizajes después de la misión, mientras que los astronautas estadounidenses morían en accidentes registrados durante los lanzamientos.




