Editorial Gustavo Gómez Córdoba
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"País que hiede"

Hablaré hoy del odio, esa bestia que llevamos dentro y que, como el hombre lobo de las viejas leyendas, brota cuando la luna llena asoma.

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El de hoy será un editorial muy corto, tan corto como la frente de aquellas personas que tenemos por sensatas sin serlo. No necesitaríamos más de dos, a lo sumo tres, dedos para cubrirles la frente. Hablaré hoy del odio, esa bestia que llevamos dentro y que, como el hombre lobo de las viejas leyendas, brota cuando la luna llena asoma sobre nuestras cabezas. Sí, esas cabezas con tan pocos dedos de frente.

Y mi editorial será corto, porque vengo del pasado, de un mundo en el que la crítica se hacía con respeto, con altura, con fondo y con sustento; con algo que llamábamos argumentos y decencia. Así que no tiene mucho sentido desgastarme con kilométricas peroratas.

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Ayer me enteré de que durante varias horas en este país tuvimos una deprimente tendencia en Twitter, la red del pajarito cianótico, ese al que la falta de oxígeno pinta de azul. En este país remedo de país, una de las tendencias exitosas fue #LaMozaDeDuque

Diré, para empezar, que aquello de hablar en esos términos de una mujer me parece una vileza y una falta de humanidad y gallardía. Y, como en esta canallada me detendré apenas lo necesario, comentaré que no me importan estas cosas propias del cotilleo barato, pero me parece que toda persona merece respeto, desde el más humilde de los colombianos hasta el presidente.

Opiniones sobre el primer mandatario y su gestión son todas bienvenidas, pero en un plano de altura, abiertamente opuesto a la bajeza que germina en las letrinas. Lástima por este país, que pretende entrar al futuro sin levantar cabeza, comulgando con la indignidad y la mezquindad.

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Seguimos siendo un paisito. Lo demuestra un numeral que nos numera como infames digitales... ¡y reales! Del presidente de la República y el oprobio no comentaré más, pero doy fe de lo que sí tiene el señor Duque: tiene derechos, tiene intimidad, tiene familia, tiene honor y tiene reputación... ¡para qué sigo si estas palabras disuenan en el mundo de hoy, donde las cosas valen nada! Como bien dijera mi colega y maestro Fernando Garavito: país que duele... y que hiede. Como los cerdos que algunos ven en todas partes, menos en sus espejos.

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