Opinión
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La hora de la paz judicial


El debate entre la Corte Suprema y la Corte Constitucional sobre la doble instancia es una oportunidad para arreglar diferencias institucionales

Hace más de siete décadas se le escuchó decir a quien gozó de las doble condición, de ser primer ministro y premio nobel de literatura, que "un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, mientras que un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad".

Por eso más allá de mi profesión de abogado y mis apreciaciones sobre el fallo de la Corte Constitucional en torno al caso Arias, que por supuesto las tengo, con apego a la frase de Winston Churchill, no atizaré ahora el fuego.

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Por ello quiero aprovechar este generoso espacio al que me convida nuestro director, no para cacarear sobre mis apreciaciones a este respecto, lo que haré más tarde, sino para intentar modular entre tan divergentes posiciones institucionales jurídicas. Para algunos, el episodio es una debacle y abre un abismo; para otros, es la mera concreción de garantías mínimas y los derechos fundamentales. Pues bien, razón tiene la Corte Suprema de Justicia cuando dice que juzgó conforme a reglas preestablecidas, y que variarlas luego de producidas sus decisiones, atenta contra la seguridad jurídica. Pero también goza de soporte el dicho de la Corte Constitucional, al señalar que es una garantía que cobijan tratados internacionales, la posibilidad de la doble instancia en materia penal.

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La calamidad es evidente y surge del desencuentro entre dos respetables corporaciones judiciales. Por eso amigos magistrados, veré en esta crisis, a la manera churchi-liana, la oportunidad. Bueno sería entonces tender puentes para que por la vía de una amigable alinderación, se demarquen de una vez por todas las competencias de cada una de las altas cortes, incluyendo por supuesto no solo a las citadas instancias, sino también al Consejo de Estado y a la JEP.

Hago pues eco de la voz de otro hombre ilustre, uno que con buen tino dirigió este país, Carlos Lleras Restrepo, y quien no dejo reiterar la importancia, como yo lo hago hoy, de la necesaria "paz institucional"

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