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El miedo a la pobreza

Si no compramos lo que nos indica la publicidad para “ser felices” estamos excluidos y no tenemos lugar. De ahí el gran miedo que le tenemos al pobre.

Vivimos atemorizados, el miedo nos empuja a tomar muchísimas decisiones. Que el miedo a convertirse como Venezuela, a la guerrilla, al cambio climático, a la inseguridad, al desempleo, a la recesión económica, al inmigrante, miedo por todo lado. Pero quizás uno de los miedos más grandes que tenemos es el miedo a la pobreza. Trabajamos, estudiamos, nos relacionamos, consumimos y vivimos en gran parte para evitar ser pobres.

Un miedo tan interiorizado que tanto el comunismo como el capitalismo montaron sus sistemas prometiendo acabar con la pobreza y mitigar ese miedo. Asustados somos más fácil de manejar como sociedad y buscamos refugio en líderes populistas y sobretodo en el consumo.

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Pero el miedo a la pobreza no necesariamente es el miedo de caer por debajo la línea de pobreza extrema que de hecho bajó más del doble desde el 2000, sino a la angustia y la mortificación de no poder consumir para estar a la altura de los demás, a la altura del ideal de una "vida feliz" que rige la publicidad y el mercado.

Somos lo que consumimos y el que no tenga con qué consumir no tiene como ser y se excluye, se rechaza, se convierte en un eventual riesgo, un peligro, una amenaza y de ahí el miedo que le sentimos al pobre. Nuestros amigos se basan en la educación que consumimos, nuestros vecinos por el conjunto cerrado en la que vivimos nuestra familia por los círculos sociales que construimos consumiendo y el que queda afuera, el pobre, se convierte en riesgo, en amenaza difícil de explicar.

No pueden entrar ni siquiera los centros comerciales que se convirtieron en el nuevo templo para el encuentro. La filósofa española Adela Cortina llamó el miedo al pobre, la aporofobia,argumentando que al final, más que un miedo al extranjero y al inmigrantehay un miedo al pobre. Por eso Trump rechaza al inmigrante mexicano, pero recibe con los brazos abiertos y con visa de residente a los inmigrantes inversionistas que inviertan mas de 900 mil dólaresen EE. UU.

El pobre como dice el sociólogo, Zigmund Bauman, al convertirse en desconocido, en eventual peligro, se trata como criminal. Al criminalizarlo, deja de ser un problema de la sociedad, de la economía o del sistema político y pasa a ser responsabilidad de él mismo. Los barrios pobres, son los peligrosos, allá está el crimen, es la asociación que solemos hacer.

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El estado por su parte, en vez de tratarlos de rescatar, asume un rol de protector de aquellos que si pueden consumir. De ahí que independientemente de ideología, los candidatos que hoy ganan las elecciones son los que prometen más seguridad, más policía, más ejercito, más cámaras, más control contra el pobre.

Por eso hoy la política social estadounidense ya no se propone hacer retroceder la pobreza sino reducir el número de pobres. Como en otros tiempos: un buen indio era un indio muerto, ahora un 'buen pobre' es un pobre invisible. Y el ejemplo más claro es la gentrificaciónde las principales ciudades de Estados Unidos y el mundo donde se trata de alejar y deshacerse del pobre. Allá, lejos, en la periferia, el problema es de ellos y el estado no llega.

Pero parafraseando a Bauman, le pobreza debe sigue ahí mostrando el horrendo panorama de la alternativa, para asegurarse que el resto de personas sigan soportando las penurias y tensiones de vivir tratando de dejar de ser pobres.

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