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EDITORIAL

El planeta no nos necesita

Entiendan, petulantes seres humanos, que ustedes no son los amos de estos predios, ni los reyes de la creación; son una especie con suerte.

Se ha dicho en todos los tonos. La última vez que lo oí fue en boca del actor Harrison Ford, y me quedó perfectamente claro después de ver una magnífica serie documental, “Nuestro Planeta”, llamada así en español, en la que Will Smith conduce a ocho astronautas que han estado fuera de la Tierra, y que entienden su fragilidad, que hablan de lo que somos, lo que fuimos y de en lo que podríamos terminar.

Digo que se ha dicho muchas veces y en todos los tonos algo que trataré de expresar en un lenguaje claro y algo escueto. La cosa es más o menos así: entiendan, petulantes seres humanos, que ustedes no son los amos de estos predios, ni los reyes de la creación; son una especie con suerte, que logró convertirse en dominante gracias a varias carambolas aleatorias del billar bioquímico, pero no son fundamentales para el planeta.

Las palabras exactas de Harrison Ford: “La naturaleza no necesita a la gente. La gente necesita a la naturaleza”. No está solo Han Solo en esto. Miles de millones de seres humanos entendemos que el tiempo se agota, pero más rápido de agota el planeta. Es claro que esta tierra no aguanta más y que la posibilidad de conseguir como hogar un mundo similar a este es prácticamente nula. Ni hablemos de cómo llegar a él, si acaso se descubre.

Ford hablaba hace poco de la estupidez de nuestros líderes, dedicados a negar los efectos nocivos del cambio climático para poder seguir amasando fortunas y acumulando poder. La inmensa ineptitud de quienes niegan la evidencia científica y se ponen en el lado equivocado de la historia.

En el día a día de nuestras vidas, la mayoría de nosotros somos tremendamente débiles en la defensa del medio ambiente, pero hay que ser medio tonto, o tonto entero, para, además de hacer bien poco, perseguir, acosar e insultar a quienes dedican su vida a proteger la tierra.

María Fernanda Cabal es un ser pensante, a pesar de los enormes esfuerzos que hace todos los días para que pensemos lo contrario. Quienes la conocen, cuentan que es amiga de la figuración a cualquier precio, incluso el de su propio buen nombre.

Para ella, la protección del planeta es un “negocio ecologeta”, y lo dice sin que le tiemble la ecolojeta. No vamos a entrar en detalles sobre los ataques a la joven activista Greta Thumberg, pues ella, por célebre que sea estos días, es apenas una voz entre millones y millones que no entienden cómo pedir respeto por la Tierra y sus recursos sean el detonante de insultos y matoneo

Entiendo que vale la discusión sobre los temas medioambientales y que el fundamentalismo, por noble que sea la causa, no une; más bien separa. Pero llegar al extremo de maltratar públicamente a quienes se atreven a salirse de la fila de la indiferencia no es ya un atrevimiento, sino una afrenta. Algo que solo se explica de quien no se encuentra en uso pleno de sus Cabales. Una cosa verdaderamente patética.

Pueden seguir burlándose de las gretas y de sus dolencias; pueden continuar trapeando con el buen nombre de quienes quieren que el mundo no se convierta en una chimenea cósmica; pueden persistir en la tarea de sepultar realidades con palabras… todo eso lo pueden hacer.

Lo único que nunca podrán hacer es aire, ni agua, ni elefantes, ni sandías, ni nubes, ni árboles. Gran diferencia existe entre hacer algo por no dejar perder cosas valiosas y hacer el ridículo, ya que tampoco pueden hacer el oso, espléndido plantígrado que pronto solo veremos en fotos, si el mundo sigue atendiendo a Donald, que nada tiene de pato, o a María Fernanda, que poco tiene de cabal.

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