El asesino le disparaba a todo lo que se movía: sobreviviente en Orlando

Manuel Rodríguez, de 26 años, se escondió en un camerino para salvarse del ataque. Narró en Caracol Radio como fueron esos momentos de angustia.

Manuel Rodríguez, pasará a la historia como uno de ocho sobrevivientes que se escondieron en un camerino del Pulse Bar. Le contó a Caracol Radio que estaba a punto de salir del bar cuando escucharon los disparos, las ráfagas y las luces del asesino.

“Nos botamos al suelo y se escuchaba la ametralladora, estuvimos en el suelo y perdí contacto con mis amigos, esperamos no sé cuánto tiempo hasta que logramos correr a un camerino”.

Se encerraron con dos amigos en un cuarto que resultó ser un camerino donde ya estaban seis personas más, trancaron la puerta con una silla mientras seguían las ráfagas del asesino. Manuel no habla inglés y no entendían lo que murmuraban sus compañeros de escondite.

“Utilicé el traductor del celular para preguntarles que pasaba y ellos me dijeron que el 911 les estaban dando indicaciones, que el asesino estaba disparando, que debíamos esperar para que nos lograran rescatar”.

Cuenta Manuel que los policías golpeaban las paredes para comunicarse con ellos, que les respondían también con golpes en la pared para revelar su ubicación exacta.

Les recomendaron tratar de buscar una salida a través de los ductos del aire acondicionado, pero finalmente fueron las luces de las linternas que portaban los oficiales de la Policía lo que reconocieron por debajo de la puerta, luego ya estaban en libertad.

“La salida fue agotadora uno por uno, ya estábamos sin aire cuando en la puerta estaban los policías, las patrullas y helicópteros, parecía una película”.

Manuel es venezolano y dijo que salió de su país por la crisis, que es la primera vez que visita los Estados Unidos y se encuentra con una experiencia que jamás borrará de su cabeza, aún no sabe qué va hacer, si se queda o regresa a Venezuela.

“Era como un sueño, la gente salía herida con la ropa rota, los cuerpos en el piso, desmayados, gritos y llantos, fue muy difícil ver todo lo que pasaba”.

Contó que el momento más difícil mientras estuvo en el camerino lo provocó la tos y el vómito que los nervios seguramente afectaron a quienes se encontraban con él, escondidos.

“No nos pasó nada, pero eran los nervios y algunos tosían le decíamos que hiciera silencio, porque el asesino estaba cerca y no sabíamos qué hacer, nos dio mucho miedo”.

Dice que tiene pesadillas, que no puede olvidar esas dos horas encerrado mientras rezaba por salir vivo, “no sé cómo logré estar ahora, aquí contando todo”.

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