La ruta de la devastación del terremoto de Ecuador

El cordón de pobreza y la ostentación del turismo quedaron mezclados en la misma capa de escombros.

Llegamos a Esmeraldas a las cuatro de la tarde del lunes, salimos hacia el sur, pasamos por la toda costa de esta zona hasta llegar a la frontera con la provincia de Manabí, allí la carretera, pasa de ser una vía parecida a cualquier carretera secundaria de Colombia, a una vía agrietada en cada curva, hundida, con lodo y rocas sobre el asfalto.

Pasamos por Muisne y Mompiche donde sólo quedaron paredes de concreto, balcones y techos en el suelo, la gente se apostaba sobre la carretera para recibir una botella de agua y una libra de arroz de las ayudas que pasaban en camiones hacia Pedernales, que hasta antes del pasado sábado 16 de abril, era un hermoso poblado costero del Océano Pacífico donde solo había que disfrutar del paisaje y la brisa. Pensé: ¿allá estará peor?

Me quedé corto de pensamiento, cuando llegué sólo se escuchaba un silencio infernal y la oscuridad era tal que el taxista, quien me contaba de camino que hacía un mes no pasaba por la zona, me aseguró que allí había un pueblo, quedó sorprendido tratándome de explicar que así era.

El único sitio con luz era la cancha del estadio Maximino Puertas, sólo la tribuna norte quedó en pie, encima de la grama a un costado estaba la morgue provisional y al lado de ésta una pila de ataúdes, pasar por allí era como hacerlo por una carnicería, el olor era muy fuerte.

Entre la gente había policías, soldados, bomberos, voluntarios y periodistas todos caminaban de allá para acá, algunos con cara de preocupados, otros trasnochados y unos pocos sin expresión, todos haciendo algo para ayudar.

Soló en este municipio o cantón, como llaman a los pueblos en Ecuador, se calculan alrededor de 500 muertos, la señora de la farmacia, la gente que estaba en el edificio del seguro, las personas que asistían al supermercado, los turistas del hotel, los vecinos del lado, el papá, la mamá, el hermano o la tía, todos perdieron a alguien y los que sobrevivieron se toparon muy de cerca con la muerte.

“Perdimos todo mamá, pero lo importante es que estamos vivos”

“Aquí no quedó nada, no hay nada, esto de acabó”. Con esta frase el colombiano Omar de Jesús Ochoa Duque, uno de los sobrevivientes del terremoto de 7.8 grados en Ecuador, narró a través de los micrófonos de6AM Hoy por Hoy la situación que viven los colombianos refugiados en el estadio de Pedernales. Ver más acá

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