Violencia gineco-obstétrica amenaza salud reproductiva

Procedimientos no autorizados o inconvenientes durante el parto, ofensas e incluso falta de asistencia médica a las madre gestantes hacen parte de las agresiones en los hospitales.

Lo grave es que en Colombia estos episodios no están tipificados como delitos, como sí sucede en México o Venezuela, y tampoco han sido discutidos a la hora de redactar leyes o sentencias que puedan evitarlos.

Así lo explicó Martha Patricia Bejarano, enfermera especialista en el área materno perinatal y docente de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia Sede Bogotá, quien participó en el Congreso Iberoamericano de Derecho Sanitario, organizado por el Centro de Pensamiento en Derecho a la Salud, de la Vicerrectoría de Investigación de la U.N.

El evento, que concluye hoy viernes 9 de octubre, tiene como tema central “¿Hacia dónde va el sistema de salud?”.

Por otro lado, la Secretaría Distrital para la Mujer, de la Alcaldía Mayor de Bogotá, ha conocido casos de médicos que, cuando las mujeres soportan los mayores dolores antes de dar a luz y principalmente si son menores de edad, les dicen que deben aguantarlos como castigo por haber sostenido relaciones sexuales sin protección.

La violencia gineco–obstétrica también se configura cuando en las consultas de control se viola el derecho a la intimidad, por intromisión no consentida en la privacidad o por revisión invasiva de los órganos genitales.

“Un agente de salud no tiene derecho a agredir a la paciente ni a violar sus derechos fundamentales”, explicó la especialista.

Ella dice que hay otro tipo de violencia que pasa como “menor”, que se tipifica al no dejar entrar al quirófano al padre en el momento del parto, y cuando se separa al bebé de la madre instantes después del nacimiento.

Muchas veces las embarazadas no deben ponerse en posición de litotomía o tumbadas sobre una camilla o una cama, por el contrario, cada una debe decidir cómo enfrentar este momento.

También hay sucesos de crueldad cuando no se les entrega información suficiente en medio de los procedimientos, uno de ellos se relaciona con la episiotomía, corte quirúrgico que se realiza justo antes del parto en el área muscular situada entre la vagina y el ano (perineo), para ampliar la apertura vaginal y facilitar la salida del bebé: “muchas veces, para acelerar el nacimiento, se les hace este corte sin necesidad o sin autorización, a pesar de que puede producir lesiones delicadas o desgarros”, explica la experta.

Más aún, esto puede degenerar en fístulas, que son orificios anómalos en la vía del parto y que producen, entre otros, problemas de incontinencia.

La episiotomía de rutina es una práctica cuya regulación pidió la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero sigue siendo muy frecuente en lugares de escasos recursos.

Además, “si se tiene en cuenta que en muchos países los casos de VIH–SIDA siguen creciendo, se debe considerar tanto la protección de los trabajadores de la salud como el riesgo de transmisión asociado con el uso de este corte que implica sangrado”, dice la OMS, como parte de sus argumentos para restringirlo.

Incluso, otra agresión muy normal es que cuando las mujeres llegan a solicitar métodos de planificación familiar, las instituciones de salud les niegan esos servicios o se los dan equivocados.

La enfermera Bejarano explica que ya se están dando los primeros pasos para restringir la violencia gineco–obstétrica, se refiere a mesas de trabajo que se están desarrollando en la Casa de Igualdad de Oportunidades, de Teusaquillo (Bogotá), en donde la U.N. participa entregando información que pueda llevar a tomar decisiones de política pública.

U.N Salud. 

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