El evangelio de la traición
No hay día en Colombia sin titular de traición, porque aquí la traición se confunde con la tradición.

El evangelio de la traición
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Por Gustavo Gómez Es martes santo para los creyentes que siguen en esta Semana Mayor las noticias que se produjeron hace más de dos mil años, cuando no había medios de comunicación y los improvisados reporteros de ese entonces contaban con un boca a boca de décadas y hasta siglos que convertiría los hechos que presenciaron en evangelios narrados por otros.Precisamente en el evangelio de hoy, Jesús anticipa a sus discípulos un hecho tan importante que, después de tanto tiempo, está a la orden del día, por lo menos en lo que tiene que ver con la política criolla: la traición. “Ciertamente”, en traducción muy gavirista, “ciertamente les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar”, les dijo Jesús a los apóstoles. Los discípulos se miraron unos a otros y el hijo del carpintero, sin necesidad de Twittwer ni cosa semejante, les anunció que daría un pedazo de pan mojado en el plato, al traidor. Dicho y hecho: el maestro le pasó el pan a Judas Iscariote, hijo de Simón, mientras le decía: “Lo que vayas a hacer, hazlo pronto”. Fresco tenemos a diario el Evangelio de la traición, según San Álvaro, San Óscar Iván y San Obdulio, por solo citar a tres de los muchos predicadores que desde el credo uribista reclaman día y noche a Juan Manuel el haberlos vendido por unas monedas de plata. Recuérdese que judas era, sin que se vaya a ofender el ministro Cárdenas, el encargado del billete, el gestor de la mermelada en aquellos tiempos. Traición por todas partes… está en manos de las autoridades el concejal José Juan Rodríguez, que, sostiene la Fiscalía, participó en por lo menos 150 reuniones para acomodar los pliegos de condiciones de la contratación en Bogotá para que sus amigos se quedaran con los contratos. ¿Traicionará Juan, José Juan, a sus devotos compadres? Martes de traición en el que seguimos tratando de digerir la revelación que hizo el general Palomino de que Irene Carrillo, la mujer que había sido supuestamente atacada por ácido en Bosa, traicionó la fe que teníamos todos en su palabra. El director de la Policía dijo que fue ella víctima de un accidente casero y nosotros de la historia que inventó para acceder a beneficios. Y ni hablemos de lo que experimentaron algunos cuando vieron que la Bogotá Humana había contratado tantos, pero tantos humanos… Esos apenas unos cuantos ejemplos con nombre propio en un país donde la traición es una especie de forma Minerva que llenamos a diario con los datos que dicta la actualidad, porque aquí los políticos traicionan a sus electores, los comisionistas traicionan a sus inversionistas, los alcaldes traicionan a los ciudadanos, los jueces traicionan la ley, los periodistas traicionan sus principios, los policías y militares traicionan el honor, los sacerdotes traicionan a los niños y los líderes religiosos traicionan todo menos la billetera… no hay día en Colombia sin titular de traición en algún escenario, porque aquí la traición se confunde con una palabra cuyo sentido también traicionamos: la traición es tradición.




