Entre la crisis humanitaria e ilegalidad se mueve la frontera con Venezuela
El contrabando, la inseguridad y las bandas criminales asfixian la línea divisoria.

Imagen de archivo de una incautación de carne en la frontera con Venezuela.(Colprensa)

El cierre de la zona frontera entre Colombia y Venezuela en Norte de Santander se convirtió en una bomba de tiempo para las autoridades por el masivo flujo migratorio, el aumento en los problemas de inseguridad ante la disputa territorial que tienen sobre el eje limítrofe las bandas criminales.
A esta situación se suma el tránsito que hace la guerrilla del Eln hacía el Táchira a lo largo y ancho de esta área limítrofe.
Las autoridades en cabeza del secretario de Seguridad Cudadana, Mauricio Franco, aseguran que por la extensa longitud que tiene esta “resulta casi incontrolable hacerles frente a los diversos generadores de violencia, pese al esfuerzo de las autoridades por preservar la seguridad”.
Indicó además que “reconoce la labor desarrollada por la Policía metropolitana en su afán por mantener el orden pero para nadie es desconocido el alto flujo migratorio que se mueve diariamente por los pasos fronterizos y por las trochas”.
Para el Comandante de la Policía Metropolitana de Cúcuta, coronel Javier Barrera, el comportamiento de los extranjeros que delinquen está ligado a una cadena de delitos como homicidios, hurto, sicariato, extorsión y trata de personas, entre otros.
Más de 700 personas han sido capturadas en lo que va corrido del último año dejan ver las acciones que se han adelantado para ponerle freno a situaciones que han alterado la tranquilidad del lado colombiano.
En la frontera colombo venezolana, se mimetiza la necesidad de muchos con la ilegalidad de otros, por esta zona se mueve el contrabando de gasolina, víveres, y otros elementos que entran en disputa por las bandas criminales en la zona rural de Cúcuta y sobre el municipio de Villa del Rosario que por este negocio ilegal ha cobrado más de 20 personas que han sido asesinadas.
Y es que frente al paso de 35.000 personas diariamente por los puentes internacionales los venezolanos admiten que por la precaridad en que han quedado sus hogares tienen que llegar en situaciones deplorables al rebusque en esta ciudad por la que deambulan diariamente.
“Nosotros llegamos sin reales u bolos, acá desde la madrugada estamos pensando que hacer, a donde ir, hacemos cualquier cosa, necesitamos comer, vivir, recoger para nuestras familias y tratar de sobrevivir acá”, dijo uno de los miles que se han convertido en informales en Cúcuta.
Otro de los ingredientes que tiene esta problemática es el narcotráfico hacia el norte de la región, por el Catatumbo los grupos ilegales como el Eln y el Epl se disputan los insumos químicos para el procesamiento de la droga, los laboratorios y las rutas hacia Centroamérica que terminan ligados a negocios con carteles mexicanos según lo han podido establecer las autoridades y que tienen como puente de comunicación el vecino país.
A esto se suma el robo de hidrocarburos al oleoducto Caño Limón Coveñas que también son otro eslabón de esta cadena de conductas entre ilegales que se desarrollan en una extensa zona abandonada por el Estado y donde confluyen todos los actores en conflicto.
Para el gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, este es otro de los dolores de cabeza de la región “por la falta de recursos para atender esta alta demanda, por lo que ello representa en inversión para atender salud, educación y otros y sin embargo pese a ello lo estamos haciendo”.
Las autoridades del área metropolitana zona más próxima al vecino país aseguran que la dimensión del problema es enorme y que las autoridades colombianas están en mora de detener esta grave problemática.
El alcalde de Villa del Rosario, Pepe Ruiz, asegura que la situación no da espera para entrar a dar respuesta a un problema que está afectando la tranquilidad de los colombianos residentes en esta zona del país.
“Esto no da más espera, acá el Gobierno tiene que definir una política clara para responder a las situaciones de inseguridad y a la comisión de otros delitos que alteran la tranquilidad y la vida de nuestra frontera”.
El viacrusis de los venezolanos por su crisis política ha llevado también a que se desencadene un tráfico de migrantes donde las autoridades ya tienen puestos sus ojos. Los famosos “coyotes” que están al acecho para comercializar con quienes llegan buscando ayuda y terminan siendo comercializados en medio de un mercado que se mueve para algunos venezolanos que han encontrado en este delito curiosamente su sustento.
La vida de esta frontera transcurre entre la crisis humanitaria, el desarraigo de miles de venezolanos y colombianos tocando puertas diariamente y quienes se ocultan en la misma para lucrarse de lo ilícito que se mueve entre los dos países.




