Estudio revela las diferencias entre la Cartagena que ven los turistas y la que viven sus habitantes
Una investigación del Politécnico Grancolombiano analiza cómo las emociones y las experiencias cotidianas influyen en la imagen de la ciudad entre visitantes y residentes

Alcaldía de Cartagena

Cartagena suele conquistar a los turistas con sus murallas, las calles coloridas de Getsemaní, las playas y la gastronomía caribeña. Sin embargo, detrás de esa imagen también existe una ciudad marcada por las experiencias diarias de sus habitantes: el calor, los trancones, los buses llenos y los problemas que enfrentan algunos barrios y que pocas veces aparecen en las fotografías promocionales.
Ingresa al grupo de alertas de Caracol Radio Cartagena
Esta diferencia es el punto de partida del estudio Measuring city brand perceptions via neuromarketing, liderado por Alexander Balzán, del Politécnico Grancolombiano, que examina cómo las emociones y las vivencias influyen en la manera en que las personas perciben y recuerdan una ciudad.
Para los visitantes, caminar por el Centro Histórico, probar un pescado frito frente al mar o disfrutar de la música local puede convertirse en una experiencia extraordinaria. Su percepción está influenciada por las primeras impresiones, los atractivos turísticos y la publicidad que reciben durante su estadía.
Para los cartageneros, en cambio, esos mismos lugares forman parte de una rutina que también incluye dificultades cotidianas. La ciudad no solo representa su patrimonio histórico, sino las calles que recorren para trabajar, las dificultades de movilidad, las inundaciones en temporada de lluvias y las condiciones de los barrios que suelen quedar fuera de la promoción turística.
No obstante, la relación de los residentes con Cartagena también está construida sobre el sentido de pertenencia, la música en las esquinas, la gastronomía familiar y los vínculos comunitarios. Por eso, el orgullo por la ciudad puede convivir con el inconformismo frente a sus problemas.
La investigación revisa estudios sobre percepción urbana y herramientas de neuromarketing, como el seguimiento ocular, el electroencefalograma y la respuesta galvánica de la piel, utilizadas para analizar la atención y las reacciones de las personas ante distintos estímulos.
El planteamiento central es que la imagen de una ciudad no depende únicamente de las campañas institucionales o de sus atractivos turísticos, sino también de las emociones que genera en quienes la viven. Cuando la imagen que se proyecta no coincide con la experiencia de los residentes, puede surgir una distancia entre la promoción y la realidad cotidiana.




