“Nunca la vimos”: el sobreviviente que buscó a su madre en el mar tras la tragedia de San Andrés
Youry González sobrevivió al choque entre una lancha rápida y un pontón turístico en San Andrés. En segundos perdió a su madre, Zonia Yaneth Aponte, y a su abuela, Gabrielina Rincón. Este es el relato de un hijo y nieto que vio acercarse la embarcación, escuchó el estruendo del impacto y pasó de celebrar su cumpleaños a enfrentar la peor tragedia de su vida.


La lancha venía de frente. Cada vez más cerca. Cada vez más rápido. Desde el pontón turístico donde viajaba junto a su madre, su abuela y otros familiares, Youry González alcanzó a ver cómo la embarcación se aproximaba por el canal navegable de San Andrés. «...Nosotros veníamos saliendo de la zona de los manglares. Ya veníamos de regreso para el puerto cuando de un momento a otro apareció una lancha a la distancia...», recuerda. A medida que se acercaba, el temor aumentó. «...Tratamos de hacer señas, como de que nos pudieran ver, escuchar, pero debido a la velocidad que traía la lancha, se levantó la proa y prácticamente nos impactó...». El golpe fue devastador. «...Atravesó la parte frontal del pontón, rompió la estructura y nos accidentó...».
A bordo iban su madre, Zonia Yaneth Aponte; su abuela, Gabrielina Rincón; su hermano; su pareja y otros turistas. El viaje había sido planeado durante más de un año. «...Mi mamá tenía mucho interés de poder compartir, de que fuéramos, tenía muchas ganas de llevar a mi abuela...», cuenta. El motivo era especial. «...Viajamos para estas fechas porque mi mamá decidió celebrarme el cumpleaños. Yo cumplí años el 9 de junio, un día antes de la tragedia...». Lo que debía ser una celebración familiar terminó convertido en una pesadilla. «...Fue un momento de mucha emoción y a la vez de mucha tragedia con lo que ha sucedido...»
Cuando ocurrió la colisión, el tiempo pareció desaparecer. «...No sé ni cómo sobreviví, no sé ni qué pasó en el momento. Todo pasó muy rápido...», dice. La única reacción de Youry fue instintiva. «...En algún momento me agaché...». Después vino el estruendo. El caos. Los gritos. El agua. «...Soy la única persona que no cae al agua...». Segundos después escuchó a su hermano pidiendo ayuda. «...Mi hermano sube a la embarcación y empezamos a buscar a nuestros familiares...». La primera que encontraron fue a Gabrielina. «...Mi abuela estaba flotando, tenía sangre alrededor de ella...». Luego localizaron a otras personas. Pero faltaba alguien. «...Lastimosamente mi mamá no aparecía. Nunca la vimos. A pesar de los gritos de mi hermano, de los míos y de las llamadas de auxilio, nunca la encontramos...».
Mientras intentaban sobrevivir, se dieron cuenta de algo más. No tenían cómo protegerse. «...No teníamos un chaleco salvavidas para poder auxiliarnos, movilizarnos, no teníamos nada...». Según Youry, los chalecos sí estaban en la embarcación, pero no les permitieron utilizarlos. «...Nos dijeron que no había necesidad porque era una lancha tranquila, que no nos preocupáramos...». Después del impacto, asegura, tampoco hubo quién los auxiliara desde el pontón. Las primeras ayudas llegaron desde otras embarcaciones turísticas que navegaban por el sector.0 «...Fueron las primeras que nos auxiliaron...».
En medio de la emergencia, alguien les informó que habían encontrado a Zonia. Durante unos minutos se aferraron a la esperanza. «...Nos dijeron que mi mamá ya la habían recogido. Pensamos en algún momento que estaba viva...». Pero al llegar al lugar donde eran concentrados los sobrevivientes y los cuerpos rescatados, la realidad fue otra. «...Mi mamá estaba en la lancha con una toalla sobre su rostro...». No hubo necesidad de más explicaciones. «...Nos dimos cuenta de que había fallecido...», dijo Youry.
Ahora, mientras espera los resultados de la investigación, Youry insiste en que el caso no puede quedar en el olvido. «...Esperamos que se haga justicia, que no quede impune...». Sobre los ocupantes de la lancha que impactó el pontón, asegura que la explicación que ha escuchado es que nunca los vieron. Pero para él la razón es evidente. «...No nos vieron porque la lancha se levantó por la velocidad...».
Según le han explicado habitantes de la isla, cuando estas embarcaciones navegan a alta velocidad, quien va como acompañante debe ubicarse al frente para servir como apoyo visual. «...Los dos iban en la parte del piloto y perdieron completamente la visibilidad de lo que había al frente...».
En medio del duelo, Youry prefiere recordar a las dos mujeres que perdió en cuestión de segundos. «...Eran mujeres muy cálidas, muy tranquilas, muy serviciales, amorosas...». Habla de ellas como si todavía estuvieran atendiendo el restaurante familiar en Sogamoso. «...Eran personas que se quitaban el pan de la boca por dárselo a otros...». Cuando piensa en su madre y en su abuela, no habla del accidente, ni del mar, ni de la violencia del impacto. Habla de trabajo, de entrega y de bondad. «...Simplemente me voy con la imagen de la felicidad, del amor, de su compasión sobre todas las personas y de la entrega que tenían por hacer las cosas bien y servir...».
Mientras la familia adelanta los trámites para trasladar los cuerpos a Sogamoso, también ha tenido que enfrentar los costos derivados de la tragedia. Youry cuenta que amigos cercanos impulsaron una campaña solidaria para recaudar recursos y apoyar a la familia. «...Nos han ido ayudando de la mejor manera y hemos venido recaudando fondos porque llevarlas siempre era un valor de dinero alto...», explica. En medio de la emergencia, también recibieron el respaldo de la Gobernación de Boyacá. «...Hemos tenido cercanía con la Gobernación de Boyacá, que nos quiere colaborar con el tema del transporte...», afirmó.
Según relató Youry, la Secretaria de Gobierno de la Gobernación de Boyacá, Alejandra Pico se comunicó directamente con ellos para expresar sus condolencias y brindar apoyo institucional en el proceso de traslado de los cuerpos hacia Sogamoso. Sin embargo, Youry también advirtió sobre personas que estarían aprovechando el dolor de la familia para solicitar dinero de manera irregular. «...El único número que realmente se ha venido divulgando y que ha cogido fuerza está incluido mi número de teléfono, 311 827 2510, y también el de mi amigo Juan Sebastián Carrera, conocido como Maca, 319 779 1036...», señaló. «...Cualquier otro número que diga que es de parte de nosotros, no caigan en estafa...», pidió el sobreviviente, al agradecer las muestras de solidaridad que han recibido desde Boyacá y distintas regiones del país.




