Cartagena

Un peregrino y una tradición que se hereda

Desde el Cerro de La Popa, la Virgen de la Candelaria guía a Cartagena en una devoción viva que encarna Luis Díaz

Foto: Alcaldía de Cartagena.

Foto: Alcaldía de Cartagena.

Cada año, cuando el calendario avanza hacia febrero y la ciudad deja atrás las celebraciones de fin de año, Cartagena vuelve su mirada al Cerro de La Popa. Desde allí, la Virgen de la Candelaria, patrona de la ciudad, convoca a miles de fieles que, con pasos firmes y promesas silenciosas, renuevan una de las tradiciones religiosas más profundas y representativas del territorio.

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Entre esos peregrinos se encuentra Luis Guillermo Díaz, católico y devoto, cuya historia es reflejo de una fe que se hereda. Desde muy niño, acompañado por sus padres, se movilizaba desde Arjona hasta Cartagena para subir al cerro durante las fiestas de la Virgen. Hoy, a sus 38 años, continúa recorriendo este camino junto a amigos, vecinos y familiares, manteniendo viva una costumbre que ha marcado a generaciones de cartageneros.

La devoción a la Virgen de la Candelaria llegó a Cartagena desde Tenerife, España, hace más de 400 años. Con el paso del tiempo, esta advocación mariana se consolidó como patrona de la ciudad y encontró en lo alto del Cerro de La Popa un lugar simbólico desde donde acompaña y protege a sus habitantes. Desde el convento que lleva su nombre, la imagen ha sido testigo de la historia, el crecimiento y la transformación de Cartagena.

“Más de cuatrocientos años tiene la Virgen de la Candelaria de estar justo aquí, mirando desde lo alto de este cerro, desde este convento de La Popa, a todos los cartageneros”, expresa Luis Díaz, al recordar cómo esta peregrinación ha acompañado su vida. Para él, la Virgen representa el amor incondicional de las madres y la certeza de que cada petición y cada agradecimiento encuentran escucha, siempre por su intercesión ante Dios.

La subida al cerro es, para los fieles, un acto de fe que exige esfuerzo y entrega. El camino, empinado y pausado, se convierte en espacio de oración, reflexión y silencio. “Este esfuerzo siempre te recuerda que el caminar no es fácil”, relata Luis, quien destaca que, entre la respiración agitada y la oración constante, se fortalece la convicción de que en lo más alto hay alguien que escucha. Al llegar a la cima, la ciudad se revela en toda su dimensión: la Ciénaga de la Virgen, el Centro Histórico, Manga, el puerto, la avenida Pedro de Heredia y el mercado de Bazurto conforman una vista panorámica que reafirma la grandeza de Cartagena y la sensación de estar bajo el cuidado permanente de su patrona.

Dentro de su testimonio, Luis Díaz también comparte un dato que reafirma el sentido simbólico de la celebración. Según explica, desde el nacimiento del Niño Dios hasta el 2 de febrero transcurren exactamente 40 días, un periodo que coincide con la cuarentena que tradicionalmente guardan las madres después del parto. En esa fecha, señala, la Virgen de la Candelaria presenta oficialmente al Niño Jesús, cerrando un ciclo de cuidado y recogimiento que da sentido espiritual y litúrgico a esta festividad.

Más allá de lo religioso, las fiestas de la Virgen de la Candelaria son también un encuentro cultural y comunitario. Peregrinos provenientes de municipios como Turbaco, Arjona, Turbana, Santa Rosa y otras poblaciones cercanas se suman cada año a esta celebración, que convierte al cerro en un punto de encuentro regional. Durante el ascenso, la caña de azúcar, las conversaciones entre vecinos y la alegría de los niños acompañan el recorrido, reforzando el carácter familiar y colectivo de la tradición. En la madrugada, el ambiente invita a la calma, la introspección y la reflexión; al atardecer y en la noche, el cerro se llena de alegría, música y esparcimiento.

Como parte de esta experiencia, peregrinos y visitantes encuentran una parada tradicional en el Festival del Frito Cartagenero, ubicado en el parqueadero de los Zapatos Viejos, en horario de 10:00 a.m. a 10:00 p.m. Allí, las matronas deleitan con sabores típicos como la arepa de huevo, la carimañola, la arepita dulce, el buñuelito de maíz, las empanadas y una amplia variedad de fritos que hacen parte del patrimonio gastronómico de la ciudad y complementan la vivencia cultural de estas fiestas.

En el Convento Santuario de Nuestra Señora de la Candelaria, la devoción se vive a través de la novena, que se realiza diariamente a las 4:30 a.m. y a las 4:30 p.m., así como de las celebraciones eucarísticas que se llevan a cabo en distintos horarios de lunes a domingo, permitiendo a fieles y visitantes participar de manera organizada y permanente en esta manifestación de fe.

Al ingresar a la capilla, los peregrinos reconocen haber llegado a la casa de la patrona. Así lo expresa Luis Díaz, quien extiende una invitación a cartageneros y visitantes para unirse, del 24 de enero al 2 de febrero, a estas fiestas que son expresión de fe, identidad y memoria colectiva.

Cartagena vive las fiestas de la Virgen de la Candelaria con devoción, alegría y tradición. Desde el Cerro de La Popa, la ciudad reafirma su vocación como destino turístico religioso, donde la espiritualidad, la historia y la cultura se encuentran, guiadas por una devoción viva que se hereda y se renueva con cada peregrinación.

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