Cartagena

De Ístmína al servicio de la comunidad

La historia de Weyler Stiven Rivas Rivas, un joven policía que convirtió sus raíces en fortaleza

Foto: Alcaldía de Cartagena.

Foto: Alcaldía de Cartagena.

Por: Emilio Gutiérrez Yance

Desde las primeras horas del día, el patrullero de policía Weyler Stiven Rivas Rivas inicia su jornada de vigilancia en El Carmen de Bolívar. A sus 22 años, el uniforme que porta representa no solo su rol institucional, sino también los valores adquiridos en su hogar en Ístmína, Chocó, donde aprendió el respeto, la palabra y el trabajo honesto que hoy orientan su servicio a la comunidad.

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Es el mayor de tres hermanos, hijo de doña Pura y don Hamilton, una familia donde la palabra aún vale y el respeto no se negocia. En su casa, el trabajo honesto era una forma de dignidad y la solidaridad una costumbre diaria. “Desde mi cultura aprendí a escuchar, a entender al otro”, dice, como quien enumera principios que no están en ningún manual, pero que sostienen su labor policial, especialmente cuando el diálogo se vuelve la herramienta más poderosa para acercarse a la comunidad.

Hay recuerdos que no se borran con el tiempo. Weyler evoca las conversaciones de sus mayores, sentados al caer la tarde, hablando con orgullo de los ancestros, de la resistencia silenciosa y de la fortaleza de su gente. Fue allí donde entendió que ser afrodescendiente no era una desventaja, sino una herencia de lucha. Ese aprendizaje lo acompaña hoy, patrullando calles que no siempre son fáciles, recordándole que servir con integridad también es un acto de memoria.

No todo ha sido sencillo. En el camino ha enfrentado estereotipos, miradas que juzgan antes de conocer. Pero nunca permitió que esas barreras lo definieran. Las convirtió en impulso, en disciplina, en hechos. Cada reto superado se transformó en una certeza: la capacidad y el profesionalismo no tienen color, y la vocación se demuestra con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Su labor como integrante de patrulla de vigilancia en la estación de Policía de El Carmen de Bolívar le ha permitido entender realidades complejas, historias marcadas por la necesidad y la esperanza. Allí aprendió que escuchar también es proteger, y que muchas comunidades solo piden ser miradas con respeto. Cuando sienten que alguien comprende su lucha y sus sueños, la confianza florece y el trabajo por la convivencia se vuelve colectivo.

Weyler habla con especial cuidado cuando piensa en los niños. A ellos les diría que crean en sí mismos, que se sientan orgullosos de sus raíces y que no permitan que nadie limite sus sueños. Para él, servir al país es una posibilidad abierta a cualquier origen, siempre que se camine con disciplina, estudio y valores. La identidad, insiste, no pesa: fortalece.

En fechas como el Día Mundial de la Cultura Africana y Afrodescendiente, su deseo es sencillo y profundo. Que la sociedad reconozca este aporte como parte esencial de la historia y del presente del país, no solo en conmemoraciones, sino en la vida cotidiana. Valorar la cultura afrodescendiente es reconocer la diversidad que enriquece a la Policía Nacional y a Colombia entera.

La historia del patrullero de policía Rivas es la de un hombre que, a pesar de las adversidades, ha logrado superarse y servir con honor a su país. Su vida es un testimonio del valor, la resistencia y la dedicación de quienes, como él, han hecho del servicio a la comunidad su misión, enfrentando cada desafío con la fuerza de sus convicciones y el amor por su tierra.

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