La Casa de la Cultura, patrimonio cultural y arquitectónico de Marsella

Gran parte de los niños y jóvenes de Marsella hacen parte de la Casa de la Cultura, además de que muchos de los que ahora son adultos

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Al lado de la plaza principal del municipio se encuentra la Casa de la Cultura, espacio en el que diariamente se recibe un aproximado de 500 niños y jóvenes que van al lugar para aprender sobre música, danza, teatro, pintura, entre otras enseñanzas más. La historia de la Casa de la Cultura se remonta a 1974, año en el que fue inaugurada, sin embargo, antes estas instalaciones eran propiedad de monjas quienes estaban a cargo de un colegio femenino, pero a causa de que el gobierno implementó una educación mixta en la mayoría de las instituciones educativas del país, ocasionó que se marcharan de la institución y esta construcción quedara abandonada.

Gilberto López, quien es uno de los fundadores de lo que hoy es la Casa de la Cultura, cuenta que anteriormente en Marsella la juventud no contaba con espacios para un libre esparcimiento de aprendizaje, además de que, en la mayoría de los colegios, no existían ni siquiera los grados de bachiller quinto y sexto (actualmente décimo y once), por lo que la educación de los marselleses estaba reservada exclusivamente para los hijos de las familias adineradas que podían ser enviados por sus padres a estudiar fuera del municipio.

Tal situación hizo que, en 1972, él y otros jóvenes pensaran en crear nuevas oportunidades orientadas a los pasatiempos que ellos tenían, leer libros, jugar ajedrez y tenis de mesa. Es ahí cuando recuerdan que las instalaciones abandonadas donde estaba el colegio, de alguna forma, le pertenecían a Marsella porque el lugar se construyó a base del civismo de todos los marselleses, quienes donaron los elementos para su edificación. “Nuestros abuelos hicieron que este lugar existiera, así que por qué no podríamos aprovecharlo nosotros”, pensaron Gilberto y sus compañeros en ese entonces, así que invadieron el lugar y crearon su propia organización, el Centro de Estudios Sociales, el cual tenía como objetivo crear una casa de la cultura en ese lugar. Para eso ofrecen sus servicios gratuitos como educadores a los entes gubernamentales, pero con la condición de que trabajarían por la educación de los marselleses sin cobrar, siempre y cuando ellos les cedieran las instalaciones. Efectivamente así se hizo y nació lo que se conoce actualmente como la Casa de la Cultura de Marsella.

Lo primero que hicieron Gilberto López y sus compañeros por la Casa de la Cultura fue la ´Marcha del Libro´, un recorrido por todas las casas de Marsella para recolectar libros donados por la comunidad. El resultado fue alrededor de unos 380 libros conseguidos, que se convirtieron en la primera base de la biblioteca, la cual tenía por asientos las sillas y almohadones que los fundadores sacaban de sus casas para que los visitantes tuvieran en qué sentarse. En cuanto a los juegos de la casa, el primero fue uno de ajedrez que se ganó el hermano de Gilberto en Río Sucio. Una de las primeras clases impartidas para los jóvenes fueron las de teatro, la cual dictaba gratuitamente otro marsellés más que estaba comprometido con la formación artística de la juventud.

Gilberto López destaca que unos de los principales aportes de la Casa de la Cultura fue ampliar lo que entendía por la palabra cultura, ya que antes se creía que los únicos que tenían cultura eran el cura del pueblo, el juez, el experto en música clásica y el médico, pero gracias a los aportes y vinculación de la comunidad, se entendió que todos los habitantes tenían cultura y una manera de entender la vida muy valiosa.

Además de ofrecer clases de formación artísticas, desde la Casa de la Cultura han trabajado por décadas para rescatar la memoria histórica, el cofundador Gilberto López comenta “un pueblo que no conozca qué fue, no tiene nada para defender. Un pueblo que no conozca de dónde viene, no tiene cómo fijarse metas a futuro para saber qué conseguir”. En las instalaciones de la casa está el museo precolombino, la colección fotográfica del pasado de Marsella y el museo del periodismo.

Desde la Casa de la Cultura de Marsella, se espera seguir aportando a la conservación de la memoria histórica y logrando que muchos más niños y jóvenes crezcan con valores y bases artísticas que, aunque no a todos los hagan profesionalmente artistas, en palabras de su cofundador, sí les darán la disciplina para alcanzar sus metas cuando sean mayores.

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