Sumapaz: el titán de todos los páramos del planeta

Cerca de 1.500 especies de plantas y animales habitan este páramo vital para surtir de agua a Bogotá y a varios municipios aledaños.

Concentra más de 6 % del área total de los páramos del mundo. Dos corredores lo conectan con ecosistemas estratégicos del país: uno con la cordillera de Los Picachos, sitio de transición de los Andes y la Amazonia y otro con los cerros orientales y Chingaza. /

La historia del páramo de Sumapaz se remonta a la época prehispánica, cuando varios grupos muiscas y sutagaos establecieron aldeas en sus alrededores y visitaban las partes más altas para realizar pagamentos y rituales ancestrales a sus dioses en las lagunas de origen glacial.

Hacia 1.470, debido al aumento poblacional en la sabana de Bacatá, los muiscas ocuparon algunas zonas paramunas para realizar sus actividades agrícolas, en especial el cultivo de maíz, una llegada que ocasionó disputas territoriales con indígenas sutagaos y pijaos por los lugares sagrados.

Durante las épocas de Conquista y Colonia, los españoles se adueñaron de los sitios de los indígenas para conformar sus pueblos, una nueva forma de organización que causó un despojo acelerado de las tierras sagradas y la disminución de la población muisca por las enfermedades desconocidas que traían los conquistadores.

Entre los siglos XIX y XX, Sumapaz sufrió una drástica transformación del paisaje por la explotación de quina y madera de los bosques andinos y la producción de café, en especial en zonas de las provincias de Tequendama y Fusagasugá, sitios donde fueron construidas grandes haciendas para expandir la frontera agrícola de la región.

En la década de 1950, producto de los enfrentamientos entre los partidos Conservador y Liberal, numerosas familias campesinas desplazadas llegaron a diferentes puntos del páramo. El crecimiento urbano en Bogotá también generó nuevos asentamientos en Soacha, Usme y Ciudad Bolívar.

Las cuencas de los ríos Guayuriba y Sumapaz presentaron un crecimiento de cultivos de papa en los años 50 y 60, a lo que se sumó la explotación de madera y carbón y la ganadería. Hacia la década de 1970, el territorio fue ocupado por la extinta guerrilla de las FARC, lo que desembocó en un conflicto armado en la región paramuna.

A partir del 2000, los enfrentamientos con esa guerrilla aumentaron considerablemente por las operaciones militares para la recuperación de Sumapaz, panorama que se recrudeció con la aparición de grupos paramilitares.

El primer batallón de alta montaña del Ejército Nacional Antonio Arredondo y dos batallones de artillería, garantizan la seguridad en la zona, una presencia que mejoró significativamente la situación de violencia desde el año 2010.

Un gigante planetario

El complejo de páramos de Sumapaz está conformado por 333.420 hectáreas ubicadas en la cordillera Oriental y distribuidas en 25 municipios de Cundinamarca, Meta y Huila. Alberga otros ecosistemas paramunos como Cruz Verde, Las Ánimas, Las Mercedes, El Cedral, Andabobos, Clarín, El Cajón y Los Tambos de Colorado.

Ostenta el título del páramo más grande del mundo, al concentrar más de 6 % del área total. Dos corredores lo conectan con ecosistemas estratégicos del país: uno con la cordillera de Los Picachos, sitio de transición de los Andes y la Amazonia y otro con los cerros orientales y Chingaza.

En la zona existen 15 áreas protegidas del orden nacional y regional, siendo el Parque Natural Nacional de Sumapaz la principal figura de protección con aproximadamente 220 000 hectáreas en 13 municipios del complejo. Cerca de 370 hectáreas son Reservas Naturales de la Sociedad Civil.

El 56% de Bogotá está ocupada por este gigante paramuno, 90.874 hectáreas en las localidades de Sumapaz, Ciudad Bolívar y Usme. Es decir que más de la mitad de la capital del país corresponde a tierras de páramo.

Sumapaz hace parte de las cuencas hidrográficas de los ríos Bogotá, Sumapaz, Cabrera, Metica, Guayuriba, Ariari, Güejar, Guape y Guayabero, por lo cual es un ecosistema fundamental en la provisión de agua para consumo humano, generación hidroeléctrica y actividades agropecuarias.

Provee de agua a una parte de Bogotá. La Empresa de Acueducto y Alcantarillado utiliza este recurso hídrico para la puesta en marcha del sistema La Regadera, que abastece a varios habitantes del sur de la ciudad.

El páramo también le suministra el líquido vital a la mayoría de los cascos urbanos de los municipios aledaños y a los acueductos veredales de las zonas rurales.

En cuanto al tema hidroeléctrico, el complejo alimenta moderadamente la cadena de generación eléctrica del río Bogotá, conformada por centrales como La Guaca, El Colegio y Paraíso. El agua del páramo tiene una relación directa con el embalse del Muña, construido para el funcionamiento de las centrales hidroeléctricas.

Biodiversidad paramuna

Según el Instituto Humboldt, en Sumapaz han sido identificadas cerca de 1.500 especies de flora y fauna, de las cuales más de 1.100 son plantas, 80 de mamíferos, 200 de aves, 18 de anfibios y 40 de insectos.

“Dentro del complejo fue registrado el género de anfibios Atelopus, un grupo de ranas altamente amenazado y con cuatro especies en peligro crítico de extinción. Por eso, Sumapaz, debe considerarse como una zona importante para su conservación”, afirma la entidad.

Cuatro especies de frailejones únicos de la cordillera Oriental habitan en este páramo, y hay registros de por lo menos 33 especies de aves migratorias y 27 exclusivas de este ecosistema.

También le brinda hogar y refugio a mamíferos emblemáticos de Colombia como el oso de anteojos, venado de páramo, tigrillo lanudo, puma y danta de montaña, y aves únicas del país como la tingua bogotana, chamicero cundiboyacense y cucarachero de Apolinar.

Más del 80% del páramo aún cuenta con vegetación nativa y bosques alto andinos, mientras que cerca del 10% alberga pastos y cultivos de las actividades agropecuarias.

Población humana

Se estima que aproximadamente 12.800 personas viven dentro del complejo de Sumapaz, la mayoría en las zonas rurales de Bogotá, Pasca, Sibaté, La Uribe y Soacha. Estos campesinos sobreviven principalmente del cultivo de papa, cebolla, fresa, mora y habichuela, y de la ganadería.

“En algunos sitios de las cuencas de los ríos Sumapaz y Bogotá se observa el avance de la frontera agrícola hacia zonas de páramo, actividad que está relacionada con la ausencia de figuras de protección”, afirma el Instituto Humboldt.

La entidad precisa que debido a la importancia de la producción para los habitantes que dependen del páramo, es importante generar mecanismos que les permitan a los actores locales acompañar a las comunidades en el desarrollo de sistemas alternativos que no afecten los recursos naturales.

“Sumapaz cuenta con varias iniciativas de restauración en las zonas afectadas por las actividades agropecuarias, procesos que han permitido acercamientos con las comunidades para la recuperación de servicios ecosistémicos perdidos o degradados”.

La Secretaría de Ambiente de Bogotá ha adelantado varios proyectos ambientales con las comunidades de Sumapaz, enfocados en actividades de acompañamiento técnico para desarrollar de forma sostenible sus actividades agropecuarias, sistemas silvopastoriles con cercas vivas, siembra de especies nativas y protección del recurso hídrico.

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