Dónde está la bolita
Donde está la Bolita

Elecciones: El todo vale

Lo que se juega no es el modelo de Estado sino el modelo de sobrevivencia política local donde un factor clave es financiación con todos sus riesgos.

Carlos Obregón /

Con el cierre de inscripción de listas para las elecciones regionales del 27 de octubre, la campaña entra en su etapa formal pues en Colombia llevamos meses sabiendo de candidatos, alianzas, deserciones, decepciones y guerra sucia a través de las redes sociales.

Según la Registraduría, para estas elecciones se inscribieron más de 121 mil candidatos que aspiran a ser elegidos alcaldes, gobernadores, concejales, diputados y ediles, unos 9 mil más que hace cuatro años. Esa cifra de inscritos equivale a los desaparecidos en Colombia o a la población carcelaria.

De ellos, 179 quieren ser gobernadores, 5.270 aspiran a alcaldías –cuatro en promedio por municipio--, 3.702 para asambleas, 97.844 para concejos municipales, y 14.199 para juntas administradoras locales.

Las próximas elecciones no parecen tener mayores cambios respecto de las últimas. Y no tienen por qué serlo porque las reformas políticas de listas cerradas, financiación de campañas y más participación de la mujer, por ejemplo, han naufragado. Por cada 6.2 candidatos hombres habrá 3.7 mujeres. En esta la gran novedad es que el que quede de segundo será concejal o diputado.

Lo que sí es claro es que la democracia local es una mala copia en tamaño ampliado de la nacional: alianzas por conveniencia sin importar si son amigos o detractores de la paz y por eso no hubo problema en que liberales, el uribismo, los cristianos y los conservadores se aliaran en Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga y Manizales. Tampoco si son la de la alianza del gobierno en el Congreso, o si el candidato pertenece a familias cuestionadas de Sucre, Bolívar, Chocó o Santander o ahijados de parapolíticos. De ahí que estén de candidatos Yahir Acuña (Sucre), Patrocinio Sánchez (Chocó), Vicente Blel Scaff (Bolívar), o uno de los Cote en Magdalena o los Aguilar en Santander .

En últimas lo que se juega en estas elecciones no es el modelo de Estado sino el modelo de la sobrevivencia política donde un factor es clave la financiación de los contratistas locales de obras, los distribuidores de licores, las mineras y los dueños del chance. También está por verse si el poder económico de las economías ilegales se refleja en poder político en el Catatumbo, el Bajo Cauca o el Putumayo.

Para el congresista, ganar las elecciones locales es la cuota inicial para su reelección. Para los partidos, la confirmación de que el que expide el aval es el que manda. Y para el gobierno nacional, una especie de primer referendo popular sobre qué tan solido está su partido, que en el caso del Centro Democrático parece tener más figuras nacionales que locales.

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