En bicicleta les llevan libros y sueños a los niños de Túmaco

Buscan que se olviden de las fronteras invisibles y piensen que la vida puede ser mejor.

En ocasiones Jairo García, Viviana Vanegas y su equipo, que conforman seis personas más, tienen que esperar mientras una y otra vez los niños y niñas de Túmaco maravillados con las escaleras eléctricas las suben y las bajan, pero la espera vale la pena por ver sus ojos abiertos y brillantes ante lo que les parece un magnífico espectáculo.

Ir a cine, centros comerciales o las construcciones de las universidades los impresiona, aunque solo estén en Pasto a unas horas de Túmaco y no hayan salido ni del departamento de Nariño. Para ellos es otro mundo y eso es precisamente lo que les tratan de llevar todos los días en las Bicibibliotecas: otro mundo.

Cuando no son tours a otras ciudades, que los hacen cada dos meses gracias a la solidaridad de la gente con algunos niños, son libros sus herramientas para llevarlos de viaje. Pueden ir a Francia leyendo El Extranjero, o incluso al pequeñísimo planeta de El Principito.

Su forma de teletransportarlos son unas bicicletas que un día Jairo vio adaptadas para llevar plátano. Él diseñó su propia estructura y la mandó a hacer para llenarla de libros.

“Nuestro equipo prefiere que un niño del Pacífico tenga un libro en sus manos a que tenga un arma o que esté cometiendo actos ilícitos en un municipio que no tiene bibliotecas. Por esa razón nuestro proyecto radica principalmente en darles oportunidad a los niños y a las niñas, darles alternativas diferentes a las que les ofrece el contexto, ofreciéndoles qué: libros, cine, música, teatro, pintura. Es decir, cultura para salvar vidas, libros para salvar vidas”, afirma.

El contexto es el que imponen hoy disidencias de las FARC, incluso, se habla en las calles de Túmaco de dos cárteles mexicanos que llegaron por los cultivos ilícitos. El contexto es el de fronteras invisibles, en donde no a todos los barrios se puede ingresar y en donde las opciones de trabajo son escasas.

Pero Jairo y su equipo han logrado entrar hasta dónde no se atreve cualquiera y su mecanismo de ingreso han sido los libros. Han donado cerca de 69 mil libros y esperan lograr la meta de 120 mil para mostrarles a los niños que hay otras realidades.

“Los pueblos del Pacífico están en la zona marginal de este país condenados casi al olvido, no tenemos por ejemplo universidades públicas. Aquí Túmaco tiene una población que casa año supera los 3 mil estudiantes que salen de once. Túmaco tiene una cobertura de dos Universidades públicas, La Nacional y la de Nariño y esas universidades solo alcanzan a cubrir de 400 a 600 estudiantes, los demás se quedan por fuera de la educación superior. ¿A dónde se van esos niños?”, cuestiona.

Daniela Vanegas, es hija de Jairo y Viviana. Tiene 14 años y desde muy pequeña ha estado ayudando con el proyecto que ya cumplió ocho años de existencia mientras practica violín. Para ella la cultura es la salida.

“Es un pueblo muy vulnerable y cuando tomamos ese ejemplo de tocar un instrumento o bailar, danzar, nos liberamos de meternos en cosas peligrosas, en cosas que los niños no deberíamos estar involucrados”, dice.

Lo mismo piensa Diana Vanessa Mora, quien fue a uno de los tours y quien con 15 años describe perfectamente que en su municipio no hay lo que por derecho les corresponde: acceso a la educación superior. La solución dice es buscar, porque no es imposible.

“Toca buscar y seguir para adelante para mostrar que Túmaco tiene chicos que quieren salir, Túmaco tiene chicos creativos, chicos inteligentes y esos chicos deben tener prioridad en este momento debido al conflicto social por el que estamos pasando”.

Son en total cuatro Bicibibliotecas que tienen y ponen en los principales parques de Túmaco para que los niños se acerquen, y apoyan cerca de 24 bibliotecas que se han ido mejorando con sus gestiones.

Dice Jairo que alguna vez un joven que los siguió durante un tiempo pero que no se acercaba del todo, cuando por fin lo hizo y confió en ellos les confesó que en principio pensó en suicidarse, pero fueron los libros que leyó en las Bicibibliotecas los que lo hicieron desistir. Por ello ratifica: los libros salvan vidas.

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