Así viven las Farc, mientras se destraban los acuerdos de paz en La Habana

Caracol Radio llegó al campamento del Bloque Alfonso Cano de las Farc y confirmó que reina la impaciencia, pero la certeza de lograr a como dé lugar la paz.

Cuatro horas adentro está La Alvira, corregimiento de Buenos Aires, Cauca. Pocos dan respuesta certera cuando se pregunta por un caserío donde poca gente ha puesto los pies, donde la Fuerza Pública ha llegado por aire porque siempre ha sido santuario de las Farc.

Carretera destapada, niebla, peñasco, abismos de incalculable profundidad, cultivos de coca adornando el paisaje, niños con peajes improvisados pidiendo dinero, acompañan el recorrido. Al fondo, donde la selva parece aumentar, está el campamento donde se concentra el Bloque Occidental Alfonso Cano que opera en Cauca, Nariño, Tolima y Valle. “Es nuestra zona veredal y transitoria”, explican guerrilleros cuando se les interroga por el lugar.

En la vigilia por la paz- que organizaron para reiterarle al país que siguen en firme hacia la reconciliación- permanecía un grupo de guerrilleros. Otro, selva adentro, estaba atento, armado en el extremo: camuflados, armamentos y mapas detallados de la zona.

Saludaban, pasaban la mano, abrazaban, y repetían la palabra política decenas de veces por hora. Ya no hablan de Bolívar, de lucha militar.

Lucían de civil, sin armas, con camisetas blancas con insignias de las Farc. Repartían lapiceros, almanaques, agendas con mensajes de la guerrilla, mientras algunos desempolvaban sus teléfonos celulares de última tecnología. Es una guerrilla que sufrió una metamorfosis: guerrilleras que viven pendientes del tinte de su cabello, de sus ojos expresivos, de lucir y adornarse bien.

Su jefe

Los subversivos que adelantaban la vigilia corrían de un lado hacia otro. Llamaban por radioteléfono, hablaban con ‘Pablo Catatumbo’, negociador de paz que permanecía en La Habana, pero él, después de anunciar su llegada, la canceló. En Cuba, poner de acuerdo a lo pactado con el Gobierno y las propuestas del ‘No’ no ha sido titánico. La guerrilla se ‘desinfló’. Lo esperaban. Lo ven como un mesías, como el guerrillero que los orientó durante años y querían verle.

Había bombas blancas, música de Mercedes Sosa y un centenar de guerrilla que se confundía en medio de la población de la Alvira que llegó hasta el campamento a solucionar problemas entre vecinos, linderos, entre otros. También gente oscura del Naya, de Buenaventura, de ‘Marcha Patriótica’ que arrimó desde Bogotá y Cali a indagar cómo las Farc se organizan políticamente.

Jaime Navarro, comandante de la columna Jacobo Arenas y uno delos más temidos de la región, jugó ajedrez, mientras sus hombres llamaban por teléfono desde un cerro y las mujeres ranchaban.

Las Farc- mientras en La Habana desenredan la pita de los acuerdos- están ansiosos, algunos preocupados. Otros más relajados y esperanzados a no volver a utilizar los fusiles.

“No queremos volver al monte”, habló Ana, pelo rubio, brackets de colores. Tiene 23 años y lleva diez en las Farc, lo suficiente para odiar si tiene que volverse a colocar definitivamente camuflado y cargar con su pesado armamento.

Ama a las Farc, pero quiere cambiar de vida. “El monte es duro, no es fácil. “¿A quién le gustaría cargar el armamento de noche, por trochas, montañas, huir del enemigo?”, agrega Jaime, otro guerrillero. Son chicos y ven más futuro afuera, apoyando políticamente a la organización.

De día salen del campamento. Algunos- los mejores hablados- lucen camisetas de colores vivos, juveniles, y se van a conquistar ‘mentes’. Hablan entre las comunidades, cuentan sus sueños, sus esperanzas como políticos y escuchan al pueblo. Asisten a bazares y algunas veces los hombres juegan fútbol con líderes comunales. Saben que deben cultivar su electorado.

Las Farc, en el monte, no tienen mucho qué hacer. Ni siquiera huir. En La Alvira no llega sino la coca, dice ‘Ernesto’, guerrillero con 12 años en las filas. El Ejército cumple la tregua. Y el Eln está lejos de colonizar sus territorios.

Allí, donde casi ningún civil de la urbe llega, el ambiente, es como si el plebiscito hubiera pasado a favor del ‘Sí’. Tanto, que los guerrilleros están en la zona veredal (ni siquiera en la de preagrupamiento) y enviaron este fin de semana a 30 de sus mejores guerrilleros a capacitarse en monitoreo y verificación a Popayán. Los evacuaron en buses. Y les prestó seguridad la Policía, sus antiguos enemigos.

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