Dónde está la bolita
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La tal desigualdad de género

"Sin embargo aún hay quienes afirman que la tal desigualdad de género no existe".

Es una sensación que difícilmente puede entender un hombre. Algo así como esto de sangrar todos los meses o llorar sin motivo cada vez que las hormonas nos hacen de las suyas, pero peor. Es la sensación de estar siempre (siempre, siempre, siempre) en riesgo de ser agredidas física o verbalmente por un desconocido hasta llegar a la violación o la muerte, si decidimos prescindir de la compañía de un macho para viajar. Es una sensación similar a esa que nos invade (siempre) que regresamos solas a la casa después de haber estado en un bar, o si al caminar por una calle solitaria a plena luz del día lo único que vemos al final es un grupo de hombres.

Para aquellos que en este punto estén pensando que exagero les repito: se trata de una sensación que difícilmente pueden entender, y es así porque desde pequeños han sido educados para producirla más no para sentirla. ¿Cómo? Creyendo que la mujer antes que persona es un animal cuya única razón de ser es provocarles erecciones, y que en consecuencia lo único que ustedes deben hacer cada vez que son “víctimas” de éste fenómeno biológico, es entregarse al impulso animal de tocarla o penetrarla a toda costa. Por supuesto la mayoría de quienes leen este texto serían incapaces de pasar por encima de la voluntad de una mujer para estar con ella, pero aun así con seguridad la mayoría habrá celebrado entre carcajadas con algún amigo ciertas lógicas perversas como la del “sexo con la vaca muerta”, o al enterarse de un manoseo o una violación habrán dicho sin pensarlo mucho “para qué se visten así”, o habrán reaccionado muy mal ante la mujer que ya estando desnuda junto a ellos, cambió de opinión y decidió no tener sexo. –Uno no puede quedarse así, si lo calientan ya les toca seguir– he escuchado decir a hombres que considero inteligentes y buenos amigos.

Entonces: sin importar que las mujeres nos rodeemos de hombres “buenos” o de hombres “malos”, lo único que al final nos queda claro es que todos pueden dejarse dominar por el animal que llevan dentro en cualquier momento desconociendo la validez que tiene la voluntad de la mujer, y que según ellos mismos nos enseñan, eso de andar por ahí solas o decidir recorrer el mundo a nuestras anchas constituye un acto más bien heroico, una suerte de desafío “contra natura” que tal como le sucedió a Marina Menegazzo y María José Coni en Ecuador, a menudo se paga con la muerte.

Dos hombres que salen de viaje simplemente están viajando juntos, pero dos mujeres que viajan juntas siempre estarán viajando solas, y todas las personas con las que se crucen en el camino les preguntarán asombradas por qué lo están haciendo, y les darán toda clase de consejos sobre qué hacer o qué decir para no terminar siendo agredidas por el sexo opuesto.

Todo esto es un hecho y sin embargo aún hay quienes afirman que la tal desigualdad de género no existe.

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