Y Quién dice que no
BLOG: ¿Y QUIÉN DICE QUE NO?

Una ficción muy real

Una reflexión sobre el periodismo, a propósito de las películas 'Spotlight' y 'Conspiración y poder'.

En las últimas semanas, hemos sido testigos de varios casos en los que el periodismo se ha convertido en protagonista de coyunturas de alto calibre.

En Colombia, particularmente, Vicky Dávila, directora hasta hace poco del noticiero de La Fm,  se vio obligada a renunciar por haber publicado un video, en el que un exsenador y actual viceministro del interior sostenía conversaciones de carácter sexual con un policía que denunciaba una red de prostitución dentro del organismo denominado “La Comunidad del Anillo”.

Este caso desató un debate público en el que se rechazó la decisión de la periodista de emitir el contenido de la cinta, dejando como consecuencia un juicio basado en la histeria colectiva, que terminó con su renuncia.

Curiosamente, en el cine se estrenaron dos películas en las que periodistas, investigaciones, escándalos y verdades ocultas hacen parte del libreto y la trama. Una de ellas es “Conspiración y poder”, una cinta donde Robert Redford y Cate Blanchett interpretan al experimentado presentador de la CBS Dan Rather y a la productora Mary Mapes, en uno de los momentos más efervescentes de la política norteamericana, en la que el presidente George W. Bush buscaba su reelección. En ese entonces, Mapes comenzó a investigar un presunto tráfico de influencias que le habría permitido a Bush escaparse de la obligación de ir a Vietnam, tener privilegios en su servicio militar y además no cumplir con el tiempo que exige la ley como miembro de la guardia nacional aérea.

Las pruebas recolectadas se mostraron en televisión y lo que parecía ser una investigación encaminada a demostrar una verdad, quedó enlodada después de que la cadena de la competencia, testigos que se retractaron y dudas en uno de los documentos desencadenaron una gran cantidad de opiniones de rechazo contra los periodistas, que los condujeron inevitablemente a perder su empleo y, lo que es peor, su credibilidad, pues pasaron de tener una investigación robusta contra el presidente de los Estados Unidos, a ser el blanco de todo tipo de descalificaciones.

La otra película es aún más célebre. Se trata de Spotlight, la historia que se lleva no solo un premio Óscar como Mejor Película, sino que tiempo atrás obtuvo un Pulitzer por su contribución al servicio público en 2003. Esta cinta cuenta la historia de una unidad investigativa del Boston Globe que, llenándose de argumentos ante tímidas denuncias de algunas víctimas de abusos sexuales a manos de sacerdotes en Massachusetts, decide emprender un duro camino para demostrar que no se trataba solo de una víctima y de un caso, sino de varios episodios que se repitieron, se ocultaron y se protegieron, por parte de la arquidiócesis de Boston, que pagó millones de dólares para mantenerse a salvo.

Traigo a colación ambas películas que nos permiten a los periodistas llegar a varias reflexiones: la primera es la comparación entre las dos películas. Hay dos investigaciones en la mesa: una llega a ser exitosa por la rigurosidad, ya que no pestañeó en ninguna de las fases de la recolección o verificación de pruebas; y otra que fracasa porque, ante la duda, el camino más fácil fue juzgar al más débil, en ese caso los periodistas y no el presidente.

La segunda reflexión es un cuestionamiento sobre nuestra misión, sobre si en verdad estamos ejerciendo una labor social, o nos convertimos en una pieza más del sistema, leyendo comunicados oficiales, bajando la cabeza ante la primera frustración en una investigación, temiendo quedarnos sin empleo por apuntarle a la fibra más sensible del poder.

Todas esas preguntas deberíamos hacerlas a diario, a pesar de que muchos argumentan que, se haga lo que haga, en este país “nada va a cambiar”.

Estamos a tiempo de seguir imprimiendo esa “dosis de rebeldía cotidiana, que siempre ha sido necesaria para ser buen periodista”, como lo dijo el español Gumersindo Lafuente. 

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