Acuerdo Gobierno – Farc: la hora de las víctimas
El nuevo paso les devuelve a las víctimas la fe para poder superar la incertidumbre de su tragedia familiar y recupera confianza en el proceso.

(Colprensa/ Archivo)

Cada vez que una persona desaparece, la familia de esta empieza un calvario que cambia por siempre sus vidas. En la mayoría de los casos pasan a ser militantes de una causa casi perdida porque la búsqueda de ese ser querido solo genera frustración.
Ese drama lo retrata dramáticamente la familia de “Julieta”, en la película Siempre Viva, que muestra con crudeza lo que ha sido la pesadilla de los desaparecidos del Palacio de Justicia. Y lo viven en la realidad los de los secuestrados de la guerrilla que han muerto en cautiverio y cuyos cadáveres no se sabe en qué fosa estén enterrados en el Caquetá o en el Meta. O los desaparecidos por la fuerza, las víctimas de las masacres o los que han caído en combate de lado y lado. El tema es tan complejo que no hay certeza del número de colombianos que están desparecidos: las cifras van desde 26 mil hasta 45 mil, según datos de la Unidad de Victimas, y menos precisión de cuántos pueden ser de desaparición forzada o por otras causas.
El acuerdo logrado el fin de semana entre Gobierno y Farc es el paso más importante en materia humanitaria por esa razón: da una luz de esperanza para esas familias porque las dos partes se comprometen, primero, de manera inmediata a ubicar, identificar y entregar los restos de los desaparecidos, civiles, militares y guerrilleros que han sido enterrados como NN, como en el caso del cementerio de La Macarena. En esto el gobierno ya ha avanzado en acelerar las labores de identificación y entrega de restos de desaparecidos.
El segundo elemento importante del acuerdo es la institucionalidad que recibe el tema de las víctimas de este conflicto con la creación de una unidad especial que se encargará, luego de la firma de los acuerdos, de buscar a todos los desaparecidos, los que estén con vida, o la ubicación de los cadáveres de quienes hayan fallecido. En esta instancia tendrán participación las victimas que por fin podrán abrir muchas puertas que estaban cerradas tanto del Estado como de la misma guerrilla.
Este nuevo acuerdo humanitario se suma al de desminado que ya opera en Antioquia, pero trasciende en importancia porque avanza en esclarecer muchas verdades sobre el conflicto, les devuelve a las víctimas su fe para poder superar la incertidumbre de esa tragedia familiar que los ha golpeado por mucho tiempo y le da al proceso de paz de La Habana un respiro luego de la minicrisis que produjo el documento/acuerdo sobre justicia.




