La mala hora del Fiscal
Montealegre ha abierto tantas peleas que en un momento como el que vive parecen ser más sus enemigos que los que lo defienden.

Eduardo Montealegre(Colprensa)

Bogotá
A pocos meses de que deje el cargo en 2016, el fiscal Eduardo Montealegre pasa por el peor momento de su gestión debido al escándalo de los millonarios contratos autorizados por su despacho y al manejo desacertado de decisiones como el anuncio de denunciar en la Corte Penal Internacional a Nicolás Maduro y una medida judicial –reversada a última hora—sobre la actriz Carolina Sabino que tuvo la mala suerte de tener el teléfono interceptado por ese organismo del Estado.
Montealegre ha sido un fiscal polémico. Su formación externadista y sus fundamentos en la escuela penal alemana le han dado una orientación liberal en la manera de concebir el papel del derecho en el Estado moderno. Prueba de ello han sido sus posiciones frente a la alternatividad de penas para la guerrilla que le ha valido duras críticas de quienes piden largos años para Timochenko. Tampoco han caído bien sus posiciones sobre impedir recortes a la tutela o sobre beneficios para violadores de menores que delaten redes criminales.
Pero también ha sido un fiscal pendenciero. Ha abierto más peleas que el mismo procurador Alejandro Ordóñez, uno de sus principales contradictores, sino el más. Hoy los uribistas están convencidos que el fiscal los persigue y quieren su cabeza. Los ex fiscales han pasado a ser sus más enconados críticos porque creen, como Alfonso Gómez, que padece del “complejo de Adán”, según el cual el mundo se creó a partir de Montealegre. Los columnistas más influyentes lo ven más como un fiscal que llegó a pagar favores por medio de contratos y por los lados de la Casa de Nariño a algunos altos funcionarios no les hace gracia que Montealegre encabece la cruzada para tumbar la reforma del equilibrio de poderes.
Y es un fiscal poderoso, tal vez más que los anteriores. No solo por la nómina que tiene la Fiscalía sino también por las decisiones que toma ese organismo en materia penal, desde el que roba celulares hasta el que defrauda al Estado o el que se queda con los recursos de los ahorradores, como el caso de Interbolsa, procesos que se manejan según la orientación que dé la cabeza de la entidad. Pero lo es más ahora que tiene más recursos presupuestales, que le permiten nombrar embajadores y dar millonarios contratos de manera directa como ha pasado con los de Natalia Springer y su firma consultora y otros de ex magistrados y periodistas que sumados superan los 10 mil millones de pesos.
En cargos como el de Fiscal, procurador o ministro siempre hay la tentación, por la constante adulación, de la política. Y Montealegre no sería la excepción, aunque él diga que más bien se trata de enemigos que han montado una estrategia para deslegitimar sus actuaciones como fiscal, entre ellos “sectores y personas que están siendo investigados por graves violaciones a los derechos humanos y casos de corrupción”, como lo aseguró en la entrevista con Cecilia Orozco. Pero Montealegre ha abierto tantas peleas que en un momento difícil como el que vive parecen ser más sus enemigos que los que lo defienden.




