Con esos enemigos…
Las Farc retrocedieron varios meses lo logrado en desescalamiento del conflicto y varios años la confianza.


Alguna vez el país creyó que las Farc estaban apostando fuerte por avanzar en un acuerdo definitivo de paz con el gobierno: habían dejado en libertad al general Rubén Darío Alzate, decretado un cese del fuego unilateral y anunciado la entrega de menores de edad. Confianza ciudadana pese a su resistencia a aceptar la justicia transicional como castigo por los crímenes cometidos. Fue entonces cuando se creyó que Timochenko y demás integrantes del Secretariado estaban aprendiendo a hacer política, y eso de alguna manera lo recogían las encuestas en las respuestas sobre apoyo al proceso de paz. ¿Por qué cometieron la masacre de 11 soldados en Buenos Aires, en el Norte del Cauca en momentos en que se había ganado confianza que vale más que la firma de un punto del acuerdo? Las Farc han dado unas explicaciones que no se las cree nadie. Teorías puede haber muchas, pero lo más probable es que en una demostración más de su ceguera política hayan intentado presionar al gobierno para el cese de fuego bilateral, que era el paso que esperaban luego de que el presidente Juan Manuel Santos decidiera mantener la suspensión de los bombardeos
La otra posibilidad que no descartan los que conocen a esa guerrilla es que se hubiera tratado de una retaliación por las operaciones contra los que manejan el negocio del narcotráfico lo que, de ser cierto, demuestra que hay frentes que no obedecen órdenes de La Habana y en los que pesa más el asunto de la coca que la negociación
Con la masacre de los soldados, la guerrilla puede haber retrocedido el proceso varios meses en materia de confrontación militar –ahora les volverán a llover bombas desde el aire--, y varios años en materia de confianza, que es lo más difícil de lograr por fuera de la mesa y lo más necesario para refrendar los acuerdos. Y lo más grave: le han regalado el espacio ganado a la oposición uribista para atacar el proceso con verdades a medias y mentiras, con afirmaciones como que dejaron solos a los soldados o divulgar imágenes de un sargento estadounidense que llora la muerte de su compañeros como si fuera un militar colombiano. Y algo peor, el presidente Santos se está exponiendo a rechiflas de militares y sus familias -- como pasó en la marcha atlética del domingo-- que no entienden las complejidades de la negociación ya que su dolor profundo no lo supera ninguna explicación. La salida a la encrucijada la ha dado el gobierno que la semana pasada buscó ganar puntos con la opinión con la advertencia de ponerle plazo a la negociación. Un anuncio que el país espera hace rato, pero tiene un solo problema: no depende solo del gobierno sino también de las Farc. Ahí es donde puede resultar conveniente la mediación de los países garantes del proceso como Noruega, Chile y Cuba para convencer a las dos partes.




