Roberto Gómez Bolaños, un genio de 85 años que llenó de humor a América
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Roberto Gomez Bolaños, más conocido como Chespirito. Su apodo se debe al director cinematográfico Agustín P. Delgado, quien lo denominó así por su destreza en la escritura, haciendo referencia al diminutivo del gran escritor William Shakespeare
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Hijo de la secretaria bilingüe Elsa Bolaños Cacho y del pintor, dibujante e ilustrador Francisco Gómez Linares, estudió ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de México, carrera de la cual nunca se graduó
Casado desde 2004 con Florinda Meza, la actriz que encarnó a Doña Florinda en su serie más conocida, El Chavo del Ocho
Luego de trabajar en la televisión mexicana como guionista por cerca de 10 años, en 1970 de su grandiosa imaginación e ingenio nació el Chapulín Colorado y un año más tarde El Chavo, personajes convertidos en series que lo consagraron en la televisión mexicana y en el corazón de millones de personas que no se perdían cada día la emisión de estas dos famosas series
Luego nacieron el Chompiras, el Doctor Chapatín, Vicente Chambón y Chaparron Bonaparte, papeles interpretados por él para hacer de su espacio en televisión un sinfín de risas, desde diferentes contextos y situaciones
Pero él nunca estuvo solo. Su éxito en gran medida fue gracias a la simpatía del cuadro de actores de sus programas, integrado en distintas épocas por Carlos Villagrán, Ramón Valdés, Florinda Meza, Rubén Aguirre, Édgar Vivar, Angelines Fernández, Raúl Padilla, Horacio Gómez Bolaños y María Antonieta de las Nieves, quienes encontraron también la fama internacional, gracias a los papeles escritos por Roberto Gómez
Sus roles interpretan desde un doctor, loco, ladrón, niño, etc. llegaban a millones de hogares primero en México luego en toda Latino América y España, su simpatía, ingenuidad, veracidad, locura, definidos en frases como: se me chispotió, chanfle, síganme los buenos, “tenga, tenga, tenga y tenga” y la gente dice que tú y yo estamos locos Lucas; quedarán en la memoria de las personas que al llegar de su hogar encontraban un espacio del cual reírse de la ironía de la vida, de las situaciones absurdas, incluso de la historia.



