Son de La Habana
En los anteriores intentos de paz era inconcebible ver a Tirofijo en Caracas o Tlaxcala haciendo visitas relámpago.
No había terminado el país de comprender la visita de un general activo del Ejército a La Habana --Javier Flórez-- a reunirse con la guerrilla las Farc ni cesado el debate por la presencia del general Luis Mendieta en la delegación de víctimas, cuando se conoció la noticia de viajes secretos, pero autorizados, de “Timochenko” a reunirse con sus negociadores
¿Qué tiene de malo y qué tiene de bueno que esto haya pasado? El mayor malestar lo produjo el hecho de que la noticia la hubiera dado el ministro de la Defensa, Juan Carlos Pinzón, que en este proceso es el hombre de la guerra y no de la paz. De nuevo, vuelve a fallar el gobierno en el manejo de la información sobre lo que pasa en La Habana. Si el gobierno lo hubiera informado por medio de sus voceros o del presidente Juan Manuel Santos, de manera contextualizada, la noticia no hubiera generado el ruido que produce una declaración del vocero de los militares en este proceso. Y que lo haya dicho Pinzón deja serios interrogantes de lo que está sucediendo en los cuarteles: ¿hay presión sobre el ministro para que salga a divulgar información de este tipo que ofende el orgullo militar?; ¿siguen siendo malas las relaciones entre Defensa y el equipo negociador de La Habana por las chuzadas de los correos del negociador Humberto de la Calle? ¿Son intentos por hacerle daño al proceso a medida que se acercan momentos clave en la negociación? Difícil que la opinión lo tenga claro en medio de la confusión que generan estos episodios en los que a la vez surgen preguntas como si el jefe guerrillero salió de Caracas y cómo puede viajar sin que lo detengan por no tener permiso oficial
Que un jefe guerrillero viaje a La Habana no tiene nada de malo si, como se ha dicho, lo hace con el fin de dar línea sobre temas sustanciales de la mesa y tratar de apurar la negociación. Que algo es diferente, lo explica el hecho de que hoy los jefes de la guerrilla no van a buscar el apoyo de Fidel Castro para hacer la revolución sino a buscarle una salida negociada al conflicto. A mirar cómo puede darse pasos tan importantes como la dejación de armas o el sometimiento a la justicia, con el asentimiento del máximo jefe de esa organización
Este viaje de Timochenko a La Habana muestra por qué esta negociación es tan diferente a las anteriores y por qué ha llegado tan lejos. En los anteriores intentos de paz era inconcebible ver a Tirofijo en Caracas o Tlaxcala (México) haciendo visitas relámpago. De seguir el avance, habrá muchas sorpresas más para los colombianos –incluida una que otra propuesta absurda de la guerrilla, incluidos los elenos-- que no serán fáciles de aceptar ni de digerir por una opinión polarizada frente a los diálogos de La Habana.




