Trastornos del sueño en Colombia, un problema de salud pública

Los seres humanos pasamos alrededor de 25 años durmiendo. Sin embargo, solo hasta hace algunas décadas se comenzaron a dilucidar las alteraciones ligadas al hecho de dormir, desde el ronquido hasta los trastornos respiratorios del sueño.

El sueño hace parte de nuestras vidas y es una necesidad fisiológica que cumple con funciones regeneradoras, así como de reparación y consolidación de algunas funciones cognitivas como la memoria

Dentro de las patologías asociadas al sueño se encuentran el síndrome de resistencia aumentada de la vía aérea, la apnea obstructiva posicional, la dependiente del sueño, el síndrome de apnea e hipopnea obstructiva del sueño (SAHOS), la apnea central, la apnea mixta y la recientemente denominada apnea compleja

El SAHOS, diagnosticado y tratado adecuadamente, constituye un factor de riesgo para otras patologías muy prevalentes en la población general, como las enfermedades cerebrovasculares y cardiovasculares

En Colombia, la prevalencia de los trastornos del sueño es del 27%, lo que se constituye en un problema de salud pública. Aunque no se conoce la epidemiología del SAHOS en nuestro país, si se extrapolan datos de otras latitudes, es probable que entre el 4% y 6% de la población padezca este síndrome

Actualmente, los síntomas de perturbaciones del sueño más consultados al médico, como el ronquido, las alteraciones del ritmo circadiano, el insomnio y la somnolencia diurna excesiva, tienen que ver de una u otra manera con el SAHOS

Según algunos estudios, el 34% de las personas ronca y el 19% lo hace diariamente, signo clave en la detección de esta enfermedad

Se conoce que los pacientes hipertensos polimedicados, resistentes al tratamiento y roncadores tienen un 80% de probabilidad de padecer esta afección; el 77% con obesidad; el 59% que usan marcapasos; la mitad de los que presentan falla cardíaca congestiva, fibrilación auricular o diabetes; el 35% de los hipertensos y el 30% con enfermedad de las arterias coronarias

Los trastornos respiratorios del sueño afectan la función cardiovascular por medio de vías distintas. El SAHOS y la apnea central están implicados a través de múltiples mecanismos en el desarrollo de disfunción cardíaca y vascular crónica

Las respuestas agudas a la apnea están mediadas en gran parte por sus efectos sobre la química de los gases sanguíneos, los cuales ejercen importantes consecuencias en la función cardiovascular, directamente en el miocardio y los vasos sanguíneos y a través de mecanismos reflejos

“Con el desarrollo de enfermedad cardiovascular funcional y estructural, las consecuencias de las apneas se incrementan. Es decir, una apnea obstructiva en una persona joven sin daño cardiovascular se tolera mejor que en un individuo con cardiopatía de base, con la consecuente disminución de la reserva cardiovascular”, explica Franklin Escobar, profesor Asociado de Psiquiatría de la Universidad Nacional de Colombia

Por tratarse de una patología multisistémica, el experto recomienda una valoración por otorrinolaringología para corregir obstrucciones de esta estructura anatómica e interconsulta con neumología por la frecuencia asociada de hipertensión pulmonar

Asimismo, es importante que el paciente tenga un chequeo por parte de un neurólogo, teniendo en cuenta el deterioro cognoscitivo asociado; una cita de psiquiatría por depresión y uso de psicofármacos asociados; endocrinología por la presencia de pacientes con índices de masa corporal mayores de 30; y cardiología por los aspectos que ya se mencionaron.

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