¿Sexo durante el embarazo?

Qué mejor oportunidad que un embarazo para hacernos saber en pareja cuánto nos queremos.

El embarazo, desde una perspectiva social, debe ser una etapa avanzada de todo ese proceso de pareja que se consolida con la formación de una familia. Es un período sublime, engrandecedor, en la vida de una mujer con el que ella puede cumplir; a costa de fragilidad, cansancio, desgaste y limitaciones; la más importante de las funciones biológicas que le pertenecen por su sexo en nuestra especie: poder gestar y dar a luz un hijo

Por todo esto, sería de esperar que todos aquellos que con ella conviven pusieran de su parte para hacer del embarazo un período agradable y de buena recordación. Sin embargo, precisamente por nuestra condición de humanos, en un principio todos la rodeamos y le ofrecemos nuestra colaboración, orgullo, afecto y respetos pero, dado lo largo que resulta un embarazo, muy pronto pretendemos volver a las mismas rutinas y nos convencemos equivocadamente de que ella también puede continuar su vida ignorando su estado

Durante el embarazo se alteran las labores diarias -de hogar o de oficina- los deseos, las preferencias, las emociones y los afectos; pero la actividad sexual es uno de los asuntos de la vida de una mujer que se ven más afectados

En este período son evidentes los cambios en la vida sexual de la pareja

Por lo común, disminuye la frecuencia a medida que avanza la gestación o disminuye significativamente durante el primer y tercer trimestres. Las razones más expuestas son miedo a causar daño al feto, miedo a provocar un aborto o incomodidad, fatiga para mantener o asumir ciertas posturas sexuales y sentimientos de no ser atractivas por su condición

Se ha temido que las contracciones orgásmicas, perivaginales o uterinas, que se puedan dar durante la respuesta sexual de la mujer confundieran a su organismo como para producir un aborto o inducir un parto prematuro. Se ha temido, igualmente, que en las primeras semanas de embarazo el embrión no esté suficientemente implantado y seguro y pueda inducirse un aborto con los movimientos y contracciones orgásmicas característicos de una relación sexual

También se ha planteado que algunas hormonas que pudieran ser liberadas por el hombre en su semen podrían provocar un aborto o un parto prematuro. Algunas personas consideran que el peso del hombre sobre la mujer en una relación sexual puede afectar al feto. Otras personas consideran que con el pene introducido en la vagina de la mujer embarazada se puede provocar una lesión al feto

Ninguna de estas situaciones se ha demostrado que sea de riesgo para cada mujer embarazada; aunque haya sido cierta para algún caso en particular. Mientras el embarazo no sea de riesgo, una pareja puede continuar tranquilamente con su vida sexual.  Es decir, que como en todos los asuntos relacionados con la vida sexual existe gran cantidad de creencias, generalizaciones y desinformaciones que perturban el normal desarrollo de un embarazo en una pareja. Para evitar esto es conveniente seguir dos grandes tipos de recomendaciones: En primer lugar, las que exprese el profesional a cargo de ese embarazo en especial. En un embarazo normal, el médico dará vía libre para una vida casi que sin alteraciones. En caso de sospechar algún riesgo, por pequeño que sea, deberán seguirse sus indicaciones puesto que todas ellas con seguridad obedecen a su juicio profesional con el que está protegiendo, por encima de todo, la vida y salud de la madre -quien es su consultante

En segundo lugar, el otro grupo de recomendaciones hace referencia a los comportamientos más adecuados de los dos miembros de la pareja para que ellos y el hijo por nacer disfruten y se enriquezcan con esa experiencia

Como seres humanos -evolucionados, inteligentes y civilizados-, nuestras relaciones sexuales ya no deben ser aquellas cuyo único propósito sea el de procrear sino también una forma especial de comunicación, de respeto, de expresión de afecto y de romance con los que se estabilicen nuestras emociones, se proporcione y se obtenga placer y se fortalezcan el vínculo, la confianza y los sentimientos de una pareja. La actividad sexual del ser humano debería ser un arte, o mejor aún, una de las Bellas Artes; y no simplemente un comportamiento instintivo de cópula o apareamiento como en el resto de los animales sexuados. Entendemos por Bellas Artes todo comportamiento, virtud o industria humanas con las que se expresa y se crea belleza y se da placer a los sentidos

 Como el arte para cualquier artista, nuestras relaciones sexuales deben ser el resultado de estudio, exploración, experiencia y práctica y que deberían vivirse dentro de un ambiente de pasión o de amor por lo que se hace y por la persona con quien se hace. Debemos tener presente que por placenteras e intensas que sean las relaciones sexuales con alguien, siempre serán mejores si estamos enamorados de ese alguien. Debe saberse que a veces las relaciones son para expresar amor o para sentirse amado; pero también a veces para sentir o causar placer, para comunicarse, para tranquilizarse, para sentirse acompañado. Debe aprenderse a disfrutar de la oportunidad, del afecto, del contacto, de las caricias, de la misma intimidad, del placer del otro y no solamente de penetración y orgasmos

Durante el embarazo pueden tenerse relaciones sexuales en ciertas posiciones que las facilitan -p.e., ambos en posición lateral- tal vez menos apasionadas y acrobáticas; o también en la posición de Andrómaca –ella sentada encima lo que le permite control de movimientos y penetración- con las que se transmitan el vínculo, el amor y el compromiso en que se ha concebido al hijo por nacer. Las relaciones sexuales también pueden ser -sin penetración, e incluso sin orgasmos- aquellas en que solo haya contacto, caricias y mutua estimulación

Qué mejor oportunidad que un embarazo para hacernos saber en pareja cuánto nos queremos y para hacerle notar al bebé cuál es el ambiente en el que se ha concebido y en el que ha de vivir

Déjennos conocer su experiencia durante los embarazos…

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