El 7 de Agosto está en declive

Los habitantes de este tradicional barrio bogotano recuerdan con nostalgia el comercio de textiles y calzado, desplazado por problemas de indigencia, inseguridad y prostitución.

Los habitantes de este tradicional barrio bogotano recuerdan con nostalgia el comercio de textiles y calzado, desplazado por problemas de indigencia, inseguridad y prostitución.


Es de destacar, que con una carrera ciclística en conmemoración de la batalla de Boyacá, la zona cambió su cadencia y estigma por el color de los atletas y las camisetas de campeones.

Con el paso de los años, las residencias y prostíbulos se han ido tomando varias calles y carreras del Siete de Agosto, sin lo que hoy es imposible asociar este barrio en el que los talleres y venta de repuestos para todo tipo de automotores, son la principal característica.

Jorge Gutiérrez, aseguró que este tipo de establecimientos siempre han existido, aunque ahora proliferan. “Por ejemplo, entre la calle 66 y 68 y entre la carrera 24 y 22, nadie va porque es un sitio caliente”, enfatizó el señor Gutiérrez.

Otros habitantes del sector hablaron de la proliferación de habitantes de calle y consigo el aumento de chatarrerías y basuras en las calles, lo cual, ha cambiado drásticamente el aspecto del Siete de Agosto, en el que solían vivir personalidades y el comercio era diverso y abundante.

Mery Hernández, habitante de toda la vida del barrio 7 de Agosto, contrastó el valor con el que se reconstruyó la plaza incinerada por un voraz incendio y las casas de tejas de barro, con la inseguridad y la proliferación de drogas que han dado al traste con la reputación del sector.

“Ahora el flagelo más terrible es la venta de droga, los robos y la inseguridad en general”, dijo Mery quién ha visto crecer a sus tres hijos en este popular barrio.

Uno de los sectores más tradicionales de Bogotá, que se caracterizó por su comercio y por ser zona donde vivían destacadas familias, poco a poco se ha convertido en un sector de indigentes, ladrones y prostitutas.

Es el barrio 7 de Agosto, ubicado en la zona noroccidental cercana al tradicional Chapinero, donde sus habitantes más antiguos se resisten a esta trágica transformación y piden a las autoridades ayudas para recuperarlo.

“Todo lo bueno y todo lo malo se consigue”, asegura Walter Vallejo, quién ha vivido 40 años en el sector y ha sido, por consiguiente, testigo de las transformaciones.

Es así como Vallejo recuerda una informal terminal de buses que estaba ubicada en la calle 68 con carrera 24 donde llegaban campesinos y ciudadanos de departamentos del norte del país.
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