Él conduce una ruta de universitarios, él es técnico de celulares, él hace mantenimiento a computadores, él no tienen brazos
John Jairo recuerda como lo aplaudían sus compañeros en el colegio cuando tenía que pasar al tablero porque él cogía la tiza con los dedos de sus pies.
Por Patricia PardoSu nombre es John Jairo Rueda, un santandereano de 42 años, quien nació sin sus extremidades superiores, debido a una varicela y un sarampión que desarrolló su madre durante su embarazo. John Jairo tuvo que aprender a manejar sus pies como las únicas extremidades de su cuerpo, de tal manera que desde chiquito cogía la cuchara con el pie derecho, se las arreglaba para peinarse, lavarse los dientes y hasta vestirse utilizando sólo los pies
John Jairo recuerda como lo aplaudían sus compañeros en el colegio cuando tenía que pasar al tablero a resolver un problema de matemáticas, porque el cogía la tiza con los dedos de sus pies y ponía su cabeza a trabajar para encontrar el resultado de la operación matemática. Así mismo, ha enfrentado todo en la vida y aunque no siempre lo han ovacionado con aplausos, él nunca se ha dejado vencer. “Salir a buscar trabajo ha sido lo más duro en la vida, la gente no me cree que yo puedo hacerlo todo con mi pies, ese rechazo duele mucho”, comenta John Jairo, frente a las adversidades de la vida
En el amor este hombre abraza con los pies, acaricia con los ojos y consiente con el alma y niega haber tenido rechazos en la vida, pues las mujeres que ha conseguido como parejas admiran y valoran su condición y fortaleza para salir adelante. Hoy en día John tiene una esposa y una hija por quien literalmente lo hace todo: conduce en las mañanas una ruta de universitarios en un carro automático sin ningún tipo de adaptación, tiene un puesto de reparación de celulares en la localidad de Suba en Bogotá, manipulando con los dedos de sus pies pequeñas piezas y herramientas y, aunque muchos no le tengan fe, el logra hacer todo lo que le encomiendan
John Jairo es un hombre feliz, que habla feliz, que sueña feliz, incluso que acepta el rechazo social feliz, porque como bien lo dice el “cuando me rechazan la gente en la calle o en un trabajo, son ellos los que pierden”.




