La restitución “no es ni siquiera una ilusión”
Esta es la historia de una familia campesina víctima de la violencia recurrente en el oriente del país
En marzo de 2001, 21 personas fueron masacradas una mañana en dos barrios diferentes de Tibú. Una de las víctimas fue José Hilario Pérez, un lechero de 32 años que vivía en el barrio la Unión con su esposa Clara y tres hijos. Recuerda la señora que una mañana decenas de desconocidos con uniformes del Ejército de Colombia llegaron hasta su casa y se lo llevaron por la fuerza
A los pocos minutos escucharon una balacera y cuando salieron entraron a su esposo agonizando junto con otras 13 personas de la misma cuadra. Los cadáveres fueron dejados en dos grupos cerca de la pista de aterrizaje. Antes de vivir esta tragedia Clara ya había perdido a varios de sus hermanos y la habían golpeado y desplazados dos veces de El Tarra, donde trabajaba en las fincas de la Región. Hoy en día tiene dos parcelas abandonadas en la parte norte del Catatumbo y está convencida de que “nunca las va a recuperar”. Por eso continúa viviendo en la misma casa del barrio La Unión, de donde vio salir a su marido por última vez. Clara no confía que las parcelas que tuvo que abandonar por la presión armada puedan ser recuperadas, “así el gobierno ponga todo su empeño en la Ley de Víctimas y su programa de restitución”. Como ella unas 20 mil personas fueron desplazadas de sus tierras en la región.




