Lara, con el sello de la derrota
Lo que Eduardo Lara había hecho en los cuatro partidos anteriores a vs. México, lo desbarató por físico temor (o miedo o culillo que le llaman algunos).


Por Hugo IlleraLo que Eduardo Lara había hecho en los cuatro partidos anteriores a vs. México, lo desbarató por físico temor (o miedo o culillo que le llaman algunos). No de otra manera se entiende como pudo desbaratar una afianzada alineación titular que lo había llevado hasta cuartos de final. Había mostrado Lara un 1-4-2-3-1 con mucho equilibrio, creación y profundidad en ataque. El cuarteto ofensivo (Ortega, James, Valencia y Muriel) había gestado 10 goles en 4 partidos hasta entonces. 7 en el Grupo A y 3 en Cuartos de final. Sin embargo, Lara sacó al Trencito Valencia para meter a Duván Zapata y esa modificación volvió un enredo de marca mayor el funcionamiento de Colombia. Cuando ya tienes montado un “team work”, un trabajo de equipo, modificarlo en una instancia definitiva casi siempre arroja una dolorosa decepción. Lara dejó de lado el exitoso 1-4-2-3-1 para hacer el fatídico 1-4-2-2-2 (me acordé de Quintabani y su debut en Junior con la derrota por goleada 4x2 con el Real Cartagena). Absurda e inexplicable decisión. Esa decisión (la inclusión de Zapata por Valencia) le hizo mover a Luís Muriel un poco más atrás, sacándolo de su zona de influencia cerca al arco contrario y propiciando el distanciamiento real entre Ortega (tirado más sobre la izquierda) y Rodríguez (sacado de la zona centro izquierda para ponerlo sobre la derecha). Casi ni se vieron, no se encontraron nunca. Pero hay más. Zapata es un jugador para rematar jugadas. No participa en el circuito para generar fútbol. Es de aquellos jugadores “palomeros” que esperan la pelota al pie para meter los goles. Esa clase de jugadores ya están en período de extinción. Quiere decir que Colombia, de salida, debía jugar con 10 hombres
Lo más terrible, tal vez, fue haber olvidado que los mexicanos juegan con tres defensores en el fondo y con carrileros. Y lo más preponderante: México iba a correr y a correr porque está perfectamente adaptado a la altura y porque, además, los mexicanos siempre mueren con las botas puestas. Luego, ni Lara ni sus asesores advirtieron que, quitando a Valencia, los carrileros mexicanos trabajarían a placer. Ciertamente Valencia era el más discreto de las cuatro atacantes pero disciplinado tácticamente. Tapaba el ataque primario del contrario sobre su sector y se sumaba al ataque bien llegando al fondo o haciendo las diagonales ofensivas hacia dentro
De verdad, no existía ninguna razón (ni grande ni chiquita) para hacer los cambios que Lara hizo. Sobre todo que, el partido con los mexicanos, era el juego más importante que Colombia debía jugar (cada partido de octavos, cuartos, semifinal y final son los más importantes). Entonces, era claro que Lara debió jugar con la nómina que lo había llevado hasta esa instancia. Pero, algo le pasó. Una duda, un presentimiento, una corazonada, un mal consejo, un mal enfoque o simplemente culillo. Que a los técnicos (como a algunos jugadores) también les da dolor de estómago en algunos partidos
Lara cedió a los nervios y perdió. Era el momento ideal para que Colombia le apuntara a ganar un Mundial de Fútbol menor. Se tuvo un buen equipo, un buen rendimiento, un extraordinario apoyo de los aficionados, de los dirigentes, de los gobernantes y del periodismo. Vimos jugadores evolucionados, que juegan en el exterior incluso en Europa, pero el que involucionó (por manes del culillo) fue Lara
Esta derrota es la más costosa en la historia del fútbol colombiano. La inversión que se hizo en los últimos 4 años, los ciclos, micro ciclos y los torneos internacionales fueron óptimos. La inversión en el proyecto no tiene parangón en la historia de la Federación Colombiana de Fútbol
Lo doloroso es que pudimos ganar la Copa Mundial pero, a Lara le dio dolor de estómago, se jugó (en el peor momento) una corazonada y perdió
Bueno, no solo perdió Lara, perdió todo el país…*(CULILLO: Modismo americano. En Colombia miedo, susto, perturbación angustiosa del ánimo)




