¿Quién fue Yuri Gagarin?
Cincuenta años después del vuelo tripulado que marcó el comienzo de la conquista del espacio, el mito y la leyenda aún envuelven la figura de Yuri Gagarin.
Cincuenta años después del vuelo tripulado que marcó el comienzo de la conquista del espacio, el mito y la leyenda aún envuelven la figura de Yuri Gagarin. Fue el primer ser humano en ver con sus propios ojos la redondez de la Tierra en toda su plenitud. Los 108 minutos que duró su vuelo en torno al planeta marcaron un hito en la historia y le convirtieron en el hombre más famoso del mundo, en todo un héroe, también amplificado mil veces por la propaganda soviética. Al regreso de Gagarin del espacio, cada minuto de su vida, desde su nacimiento hasta su trágica muerte, se convirtió en parte de la gran leyenda del soviético que fue el primer hombre en volar al espacio. Quienes le conocieron sostienen que la fama no lo corrompió; le agobiaba. Sin quererlo, se convirtió en un embajador de excelencia de la Unión Soviética y en la personificación, según la propaganda oficial, del hombre nuevo, de las ventajas del sistema socialista sobre el capitalismo. En la era de las imágenes, la sonrisa de Gagarin ganó más adeptos para la causa soviética que la ideología marxista y el socialismo igualitario preconizado por el Kremlin. "¡Allá vamos!", exclamó el cosmonauta, usando una expresión coloquial que los rusos usan incluso cuando apuran una copa de vodka, cuando el empuje de los propulsores del cohete puso su nave, la "Vostok-1", rumbo al espacio y la historia. Testigos de la época cuentan que la agencia oficial soviética Tass tenía preparados tres despachos: uno, en caso de éxito; otro, ante la eventualidad de que Gagarin aterrizase en otro país, y un tercero, por si el lanzamiento tenía un desenlace fatal. El vuelo de Gagarin era uno de los secretos de Estado soviético mejor guardados: tal es así, que el despegue de la "Vostok-1" no fue captado por las cámaras, debido a la estricta prohibición de su uso a menos de 6 kilómetros de la rampa de lanzamiento. Las imágenes documentales de Gagarin en la base espacial de Baikonur fueron tomadas después de su vuelo, en una visita en la que repitió todo lo que hizo el día del histórico viaje. No hay testimonio, eso sí, de que en esa ocasión el primer cosmonauta volviera a detener el autobús que lo llevaba hasta la rampa de lanzamiento para orinar en una de sus ruedas, anécdota que se convirtió en un ritual que hasta hoy cumple rigurosamente todo aquel que sale de Baikonur rumbo al espacio. A su regreso a la Tierra ya nada fue igual para el teniente primero Gagarin, uno de los veinte pilotos de guerra que habían sido preseleccionados para protagonizar la hazaña. "Todos estábamos preparados física y psicológicamente. Pero después entendí (por qué la elección recayó en él). Solamente Gagarin tenía una cualidad extraordinaria: no sabía lo que era la envidia", escribiría años después Guerman Titov, el segundo cosmonauta soviético. Condecoraciones, ascensos, nombramientos, la adoración sin límites de su pueblo: todo eso cayó de la noche a la mañana sobre Gagarin, un hombre que, según testimonios de sus compañeros, era de una sencillez proverbial. Los laureles no aplacaron el hambre de Gagarin de volver al espacio, pero la muerte, el 24 de abril de 1967, de su compañero Vladímir Komárov cuando la cápsula de la nave "Soyuz-1" se estrelló al regresar a la Tierra tras un fallo en el sistema de paracaídas significó el fin de su carrera como cosmonauta. Las autoridades soviéticas no querían arriesgar la vida de quien fue quizás la mejor tarjeta de presentación que la URSS había tenido en su historia. Sin embargo, las precauciones fueron estériles: un nunca esclarecido del todo accidente aéreo le costó la vida a Gagarin cuando había cumplido apenas 34 años. El caza Mi-15 que tripulaba junto con el instructor Vladímir Serioguin se estrelló casi en picado en un bosque en las afueras de Moscú el 27 de marzo de 1968. La comisión investigadora estableció que en el momento del accidente todos los sistemas del avión funcionaban normalmente y que éste se debió a un maniobra brusca que hizo que el aparato entrara en pérdida. Los soviéticos se negaban a creer en la muerte de su ídolo, más aun cuando los restos de Gagarin no fueron hallados hasta el día siguiente, circunstancia que alimentó todo tipo de rumores, incluso de que el accidente había sido una escenificación con los fines más disparatados. En memoria del primer cosmonauta, los jerarcas soviéticos decretaron duelo nacional, honor hasta entonces reservado exclusivamente para los jefes del Estado.




