El uranio y la ciencia ficción
Debe haber un virus de ciencia ficción merodeando cuarteles y puestos de policía. Y lo puede haber desatado todo el apogeo de computadores y discos duros de la guerrilla en los que está entretenido el gobierno, de Juan Manuel Santos para abajo ahora que el presidente de la república ha resuelto leernos en capítulos semanales el contenido de lo que dejó escrito el Mono Jojoy que era cuasi-analfabeta.


Debe haber un virus de ciencia ficción merodeando cuarteles y puestos de policía. Y lo puede haber desatado todo el apogeo de computadores y discos duros de la guerrilla en los que está entretenido el gobierno, de Juan Manuel Santos para abajo ahora que el presidente de la república ha resuelto leernos en capítulos semanales el contenido de lo que dejó escrito el Mono Jojoy que era cuasi-analfabeta
La ciencia ficción incluye la pregunta, todavía sin responder, de cómo fue que sobrevivieron los computadores y los discos duros y las pequeñas memorias a los guarapazos de los bombardeos que solo dejaron tierra arrasada. Y esa ciencia ficción incluye también otorgarle a las Farc el poder de ser una organización transnacional de la confabulación y del contraespionaje. Según lo hemos sabido siempre, las Farc es un grupo armado integrado por campesinos muy próximos al analfabetismo. Gentes que apenas saben expresarse a punta de fusil y de machete. Sus jerarquías no han salido más allá de los pantanos de la selva hostil, que tuvieron aquellas breves vacaciones de agua caliente y ducha corriente en el Caguán en el intento de paz que abortó
Pero la nueva ficción dice que las Farc son multinacionales y cosmopolitas y andan hasta en el negocio del uranio empobrecido para la fabricación de armamentos nucleares. Asuntos de esos, tan complejos, para los cuales hay que tener al menos pasaporte falso de Bielorusia y dominio pleno de los puertos clandestinos de Turkmenistán en el Mar Caspio. Dizque en esos negocios andan las Farc, negocios turbios de verdad, para los cuales hay que saber sobornar a policías en Islamabad y conocer dónde mercan el buen opio los malandrines de Rawalpindi. Puntillazo. Aunque no sabe uno --o no se que soy tan cándido-- si todo este delirio dizque de las Farc traficando con uranio es una empeliculada o forma parte de una alarma que ha encendido el vecino venezolano con sus anuncios de planta nuclear. Pero suena al menos estrambótico que Colombia vaya a tener ahora un Centro Nacional de Seguridad Nuclear para apoyar a un Organismo Internacional de Energía Atómica.




