Vargas Llosa para principiantes
El Nobel a Mario Vargas Llosa no me ha producido la misma explosión de júbilo que me sacudió aquella mañana de octubre de 1982 cuando el de García Márquez. Pero ha estado cerca. Tal mi felicidad.


El Nobel a Mario Vargas Llosa no me ha producido la misma explosión de júbilo que me sacudió aquella mañana de octubre de 1982 cuando el de García Márquez. Pero ha estado cerca. Tal mi felicidad. El Nobel a Vargas Llosa me alegra y mucho y no me sorprende nada. Me alegra como latinoamericano porque la literatura de Vargas Llosa es un retrato de este continente a la vez amargado y feliz, esclavizado y optimista. Me alegra y mucho porque, de muchas maneras, es un homenaje a la lengua española, un reconocimiento a su belleza, a su crecimiento y a su influencia. Y no me sorprende porque he sido lector apasionado de Vargas Llosa, casi siempre feliz y me ha acompañado largas noches y largos días desde hace toda la vida. He sido muy lector de Vargas Llosa porque Vargas Llosa ha sido muy escritor. Tal vez el que más. Digo esto para resaltar su disciplina. Le arde por dentro el deseo de la escritura desde la adolescencia y por eso ha sido un novelista asiduo, un ensayista obstinado y hasta dramaturgo ha sido porque su fascinación por escribir no ha tenido claudicaciones ni límites genéricos a pesar de la temporada que pasó en la pendeja búsqueda del poder cuando resolvió ser candidato a la presidencia de su Perú a ver si era posible. Se le perdona




