Deportes

Un profano y los tenistas

Un oyente de nombre Ramón Velásquez me envía este divertido escrito suyo en el que, con buen grado de humor negro, le da un "revés" a la imagen atractiva y magnética que normalmente tenemos del tenis. Lo copio tal como me lo mandó y espero disfruten su lectura (y perdonen las tildes al revés... ¿será por lo del "revés"?):Me sulfuran los jugadores que después del màs simple de los pelotazos corren a enjugar su sudor y se pasan la toalla por la cara, los brazos, la raqueta, las piernas. No la pasan por el trasero por falta de tiempo. Abomino a los que antes de realizar un servicio, estudian si la pelota es redonda o cuadrada o triangular, si tiene aire y cuàl es su peso y si su peluche, a pesar de no estar usado, muestra desgaste. Me impresiona, pero para mal, el paradigma de los tics tenìsticos: Nadal. Nunca le han podido confeccionar ninguna pantaloneta que antes de cada servicio no la tenga que extraer de lo màs profundo de su trasero. Cuando realiza un servicio que lo absorve por entero, todo en èl se retuerce y cambia de ubicación: los ojos padecen de estrabismo, la nariz se le engarabeta, la boca se estira hacia un lado y uno teme que se quede deformada. Claro que lo unico que permanece asì es su brazo pues es zurdo. Ademàs es tan mal encarado y ayuno de sonrisa que esta no aparece ni cuando gana. La ùnica manera de verle distinto semblante serìa darle el triunfo sin jugar. Detestable cuando primero se rebuja el trasero, huele su dedo y parece decir, la misma m…. que la tengo que dejar en las orejas y en el pelo. A Federer, por su constante semblante parece que todo le huele mal, el campo, el pùblico, el contrincante y los jueces. A pesar de que ser notorio el previo acuerdo para triunfar o perder, en no pocos casos, ni se miran cuando se cruzan en los descansos. Dan pesar tratando de ser elegantìsimos con prendaas comunes y totalmente ajenas a esa caracterìstica. Detesto las descomunales trasmisiones de las hemanas Williams, ante las cuales las de un buldózer es un simple bola de tenis. No saben còmo aparecer desnudas vistièndose. Ellas mismas se confeccionan sus prendas y por lo mismo no se puede decir que las visten sus enemigas aunque ese sea el resultado. No està lejano el dìa que participen en un encuentro con zapatos de plataforma de veinte centìmetros. Ninguno ha podido hacerse a una raqueta bien acabada pues todos se pasan el juego tratando de arreglar su encordado. Siempre parecen estar en un barrizal o en un tejar, pues se dedican a mirar la cancha tratando de arreglarla. A pesar de caer la pelota en la mitad del campo del contrario, dan entender que ha ido a parar a las graderias y exigen un verificación electrònica que nunca los deja satisfechos. Para recibir tan desmesurados premios, siempre son tan cicateros que apenas si regalan una balaca o una manilla sudada. Nadie les ha visto lanzar al pùblico una cachucha o una raqueta. Cuando coronan un campeonato quisieran enterrarse y de ahì que se lancen al suelo y lo escarben o se colocan en posición de recibir unas cuantas paladas de tierra. Son tan parcos en todo que nunca dan una declaraciòn radial o televisiva al concluir el encuentro. Como dioses solo resisten un segundo de aplausos de los fanàticos y al camerino. Si quieren verlos, vuelvan al pròximo encuentro. Los narradores no pueden ser màs antipàticos. En idioma español el espacio està colonizado por argentinos que de tanta modulaciòn nadie alcanza a entenderlos, ni a recibir el màs mìnimo aporte de gracia, seriedad o conocimiento. Parece que fueran màs bien expertos en esgrima o mejor en dar grima. Todos padecen de las rodillas y si no sufren de èstas obligatoriamente tienen que llevar vendas, parches o ligamentos o ser masajeados constantemente. En las mujeres o son modelos de belleza o rùsticas obreras. Gritan tanto como si estuvieran fingiendo un orgasmo de indefinida duraciòn. Para encontrar un tenista con modales tiene que ser aficionado. Los del oeste parecen todos salidos de los cuarteles y con grado de sargentos. Es tan monòtomo este deporte que la pelota solo va hacia uno de los lados y en sitio pròximo al que debe devolverla. Cuando corta la raya del centro, es el climax de la efectividad porque al contendor le da pereza movilizarse y espera màs bien el pròximo lanzamiento. Los campeones tenistas, como cualquiera de deporte elite, son ìdolos en sus respectivos paises pero la idolatrìa no deja de presentar aspectos bien complejos. Asì, Roger Federer, ha sido declarado por los banqueros de su paìs, Suiza, como emblema nacional no por la inteligente forma como lanza la pelota sino como la excepcional habilidad para recoger dinero. Con decir que genera màs que los productos làcteos, farmacéuticos y los aparatitos inventados para medir el tiempo de los demàs. Pero asì y todo es un bello deporte, exigente en su preparación y que ejerce indudable atracción y exige rigurosa entrega. Seguiremos embelesados asistiendo a esta clase de eventos, pero por televisión que puede apagarse cuando uno quiera. Y, ademàs, evita que la cabeza quede como puerta giratoria de colegio.

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