Elogio de un hombre bueno: Andrés Molina
Elogio de un hombre bueno: Andrés Molina <br />Por Gustavo Gómez <br />(Emitido en <em>Hoy x Hoy</em>, 10/03/10) <br />
Elogio de un hombre bueno: Andrés Molina RomeroPor Gustavo Gómez Córdoba(Emitido en Hoy x Hoy, 10/03/10)En estricto sentido conocí a Andrés Molina Romero hace unos meses, durante un almuerzo. Eso es lo que tendría que contestar si se me preguntara en términos muy formales cuándo lo conocí. La verdad es que conocía a Andrés un par de años antes de haberlo conocido. Y déjenme que les explique, porque el asunto tiene un sentido muy propio: A Andrés lo conocí a través de su hijo Edison, que es el productor de este programa. Edison, si se me permiten dos o tres palabras justas sobre él, es un hombre serio, un trabajador incansable, un empleado leal y un periodista con criterio. Y además es bueno. Muy bueno. Un muy buen tipo, que es la cuota inicial que necesita todo aquel que quiera ser periodista de verdad. Cuando almorcé con Andrés, descubrí al hombre que educó a Edison. Y entendí que conociendo al hijo conocía al padre y que al padre lo conocí desde el momento en que Edison se me atravesó por la vida aquí en Caracol Radio. Meses después de ese almuerzo, a finales del 2009, hablé con Andrés sobre unos asuntos muy personales y llegamos nuevamente al tema de Edison. Tuve la idea en ese momento de que Andrés no tenía un concepto perfectamente claro de lo que significa su hijo para esta cadena, y, por aquello de que me gano la vida diciendo cosas, decidí decírselas a él. Le dije entonces a Andrés Molina que su hijo Edison era formalmente el productor general de este programa, pero que lo que realmente significaba Edison para esta cadena era algo más especial. Le expliqué que Edison era este programa, que su sello personal, su entrega y su esfuerzo permanente eran el motor de 10AM. Recuerdo una frase exacta: le dije que la persona más importante de este programa no éramos los conductores, ni los columnistas, ni los periodistas… que la persona más importante era su hijo. Y le comenté sobre la gran confianza que teníamos en él todos, de Ricardo Alarcón para abajo, pasando por Darío Arizmendi, Esperanza Rico, sus compañeros de la redacción… confianza que él se había ganado sin recomendaciones y sin padrinos: apenas con el empuje enorme de su trabajo. Andrés me entendió perfectamente y se puso muy feliz, porque la felicidad de un padre está en saber que sus hijos hacen lo correcto. Esa fue la última vez que hablé con Andrés Molina, aunque, para no traicionar mis principios, diré que todos los días, cuando hablo con Edison, estoy hablando con Andrés, que era un hombre juicioso y un profesional de oro, como su hijo aprendió a serlo viéndolo a él. La semana pasada, estando yo muy lejos, supe que Andrés Molina se había ido aún más lejos, y me dio una tristeza infinita, una tristeza que nada es comparada con la que sienten hoy Edison, sus hermanos María del Socorro, Julieta y Carlos, y su mamá, doña María del Socorro… me consoló algo que pensé en ese entonces, y que vuelvo a pensar en este mismo instante, ahora que mientras les hablo, veo a Edison del otro lado del vidrio de los estudios: pensé y pienso que Andrés Molina Romero no se fue tan lejos; que todo lo bueno que tenía, está justo ahora frente a mí…



