Demócratas aspiran a cambiar el mapa político de Estados Unidos
El avance demócrata se produce mientras en las filas republicanas reina el desconcierto.
El 4 de noviembre será recordado, si los sondeos están en lo cierto, no sólo como el día en el que un negro ganó la presidencia de EE.UU., sino como un punto de inflexión en el que los demócratas se convirtieron en el partido dominante del país. Además de quién será el ocupante de la Casa Blanca, los estadounidenses renovarán ese día la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 11 cargos de gobernador. En todos esos comicios los demócratas se perfilan como los grandes ganadores. La última vez que se llevaron la Casa Blanca y mayorías claras en el Congreso fue hace 15 años, con Bill Clinton, pero el momento actual es potencialmente más significativo, según Steven Smith, profesor de ciencias sociales de la Universidad de Washington en San Luis (Misuri). El lo compara a la victoria de Ronald Reagan en 1980, en medio de un clima de frustración por la "incompetencia" en Washington y los problemas económicos. "Reagan marcó unas prioridades nuevas y eso es lo que hemos visto también con los demócratas", dijo a Efe Smith. El partido de la oposición ha logrado colocar la salud y el medio ambiente, por ejemplo, entre los temas más relevantes de la elección y ha obligado a los republicanos a definir planes al respecto, explicó Smith. El avance demócrata se produce mientras en las filas republicanas reina el desconcierto. El propio candidato republicano, John McCain, ha denunciado que sus correligionarios se han acomodado en el poder y su campaña se basa en gran medida en presentarse como un independiente y alejarse lo más posible de su partido. Un 72 por ciento de los estadounidenses están insatisfechos con el trabajo de George W. Bush, el presidente cuyo asesor político, Karl Rove, un día quiso crear una "mayoría permanente" para los republicanos. Se trata del mayor nivel de rechazo a un mandatario en la historia reciente del país. La huella de la revolución de Reagan, con su pasión por las rebajas de impuestos y la desregulación de la economía, aún se siente en el país y para que Barack Obama deje una marca similar necesitará un Congreso que se amolde a sus ideas. En la Legislatura los demócratas tienen los dientes largos. El barco de Obama lleva en su estela a los otros candidatos de su partido, que ganan por su asociación con él, según Kareem Crayton, profesor de ciencias políticas de la Universidad Estatal de California. La emoción que ha creado especialmente entre los negros y los jóvenes, dos grupos con niveles tradicionalmente bajos de participación, conducirá a las urnas un nuevo influjo de votantes mayoritariamente demócratas, según el Centro Conjunto de Estudios Políticos y Económicos, un instituto independiente. La campaña del senador John Kerry afirmó en un mensaje enviado a sus partidarios que el "sueño" de lograr una super-mayoría en el Senado "es ahora posible". Si logran 60 escaños en esa cámara, los demócratas no tendrán ningún freno a la hora de aprobar proyectos de ley. Actualmente, cuentan con 49 puestos, frente a los 49 de los republicanos, pero los demócratas gozan de una mayoría tenue porque dos independientes votan con ellos. Gran parte de los analistas ve la perspectiva de los 60 escaños como optimismo excesivo y cree más factible una ganancia de entre 5 y 7 puestos nuevos. Mientras, en la Cámara Baja los expertos dan a los demócratas una ganancia potencial de entre 20 y 30 escaños. Actualmente ya gozan de una ventaja de 36 votos en ese órgano, que tiene 435 miembros. Ante el sesgo de las encuestas, la página editorial del diario "The Wall Street Journal", una de las voces conservadoras más influyentes, ha alertado de los peligros de una supremacía "incontrolada" de la "izquierda". Sin embargo, los nuevos legisladores demócratas serán en general moderados, pues arrebatarán los cargos a republicanos en regiones muy disputadas donde ganará "quien apele al centro", según Crayton. Al mismo tiempo, algunos congresistas actuales de distritos de izquierda verán la previsible victoria demócrata como su oportunidad para impulsar los proyectos que ansían desde hace años. Los líderes del Congreso tendrán que poner orden en la jaula de grillos para no desperdiciar una ocasión de oro.




