La incertidumbre con el nevado del Huila tiene congelados a los comerciantes de su zona de influencia
Jesús Uribe, propietario de uno de los restaurantes ubicados en la plaza central del municipio, paso de vender 200 mil pesos diarios, en desayunos y almuerzos, a vender 50 mil.
En Belalcazar, un pequeño pueblo del oriente del Cauca, al lado de la boca de los cañones de los ríos Paez y Simbolá, por donde bajarían millones de metros cúbicos de lodo en caso de una avalancha, producto de la agitación del volcán, el comercio esta paralizado. Jesús Uribe, propietario de uno de los restaurantes ubicados en la plaza central del municipio, asegura que a su negocio entran muy pocas personas. De vender 200 mil pesos diarios en desayunos y almuerzos, pasó a vender 50 mil, con los que es prácticamente imposible mantener la operación del restaurante. Agrega que los habitantes de la zona rural no volvieron a bajar al pueblo y que los comerciantes del Cauca y del Huila no visitan el municipio por el temor de quedar atrapados en una nueva erupción del volcán. El alcalde de Belalcazar, James Arbey Yasno, dijo que adicional a esta situación, los precios de los productos básicos se dispararon en los últimos meses y el abastecimiento del municipio en materia de víveres es mínimo. "No es necesario que la avalancha llegue al pueblo, para poder sentir que el desastre generado por el volcán ya esta impactando la zona", indico el alcalde. El alcalde dijo que en este momento es vital que el gobierno nacional y departamental apalanque proyectos productivos que permitan a los habitantes de Belalcazar poder autoabastecerse con cultivos de pancoger, mientras se supera la crisis generada por el constante cambio en el nivel de alerta del volcán, durante el último año. A pesar de el atolladero comercial en que vive este pueblo, ubicado a 42 kilómetros lineales de los picos del volcán, la Cruz Roja Colombiana, la Defensa Civil, los Bomberos, la Policía Nacional, la Dirección Nacional de Emergencias e Ingeominas, continúan trabajando en acciones preventivas que permitan proteger la vida de cerca de 4 mil personas que deben ser evacuadas en el momento en que se genere una avalancha por los cañones del Páez y del Simbolá. Conscientes de su situación, estas 4 mil personas, que prácticamente duermen con un ojo abierto y otro cerrado, esperando que se activen las alarmas, están listas para abandonar el pueblo en menos de 25 minutos. Un ejercicio que ya ha sido probado en dos oportunidades y que no ha dejado una sola personas herida. Para muchos, lo que hacen los organismos de emergencias en la zonas de influencia del volcán del Huila, que hoy se mantienen en alerta naranja, es el proceso preventivo más exitoso que se ha desarrollando, hasta ahora, en el continente.




