El corresponsal extranjero de EEUU, una especie amenazada
El corresponsal extranjero de EEUU vive momentos bajos, aquejado no sólo por las amenazas de un mundo hostil, sino también por la creciente predilección de los medios del país por la información local en detrimento de la internacional.
El corresponsal extranjero de EEUU vive momentos bajos, aquejado no sólo por las amenazas de un mundo hostil, sino también por la creciente predilección de los medios del país por la información local en detrimento de la internacional. Jill Carroll, la periodista del diario "The Christian Science Monitor" que permaneció secuestrada cerca de tres meses en Irak el año pasado, señalaba en un informe publicado en enero por la Universidad de Harvard que la cifra de corresponsales de EEUU en el extranjero ha pasado de 188 en 2002 a 141 en 2006. El estudio bianual sobre hábitos en el consumo de información que realiza el Centro Pew apunta, por su parte, que el porcentaje de los que dicen seguir las noticias internacionales "muy de cerca" cayó al 17 por ciento en 2006, frente al 24% en 2004. La tendencia no deja de ser sorprendente dada la influencia militar, política y cultural que EEUU ejerce el mundo, y es considerada como "peligrosa" por un buen número de expertos, que alertan de que el fenómeno facilita la manipulación de una opinión pública ignorante de los acontecimientos globales. En la búsqueda de explicaciones, Aly Colon, del Instituto Poynter, un prestigioso centro que forma periodistas, apunta que ese desinterés refleja, entre otras cosas, una actitud imperialista: "La idea es que como primera potencia mundial todos los caminos conducen a Washington y lo que importa es lo que nos interesa a nosotros". Las potenciales consecuencias, dentro y fuera de EEUU, dice Colon, son "tremendas". El experto cree que la guerra de Irak ilustra cómo la ciudadanía estaba mal informada y muestra los peligros de una opinión pública incapaz de calibrar las repercusiones de su apoyo al Gobierno. Las encuestas prebélicas muestran el éxito de la campaña de propaganda de la Casa Blanca a favor del conflicto. Así, y pese a la falta de pruebas tangibles, la mayoría de los estadounidenses (el 51%) creía poco antes de la invasión de Irak que Sadam Husein había participado "personalmente" en los atentados de 2001 contra EEUU, según un sondeo de la cadena de televisión CNN y el periódico "USA Today" de marzo de 2003. Y meses después de empezada la guerra todavía quedaba quien creía que existían armas de destrucción masiva en el país árabe. A eso se suman las encuestas periódicas que muestran a unos ciudadanos incapaces de responder en qué continente está Sudán, y que se las ven negras para colocar a Irak en el mapa. Fred Hiatt, editor de la sección de opinión del diario "The Washington Post", señalaba en un artículo reciente con el elocuente título de "El evanescente corresponsal extranjero" que después de 2001 existía la percepción generalizada de que a los estadounidenses les hubiera ido mejor si hubiesen sabido más sobre el mundo. Los ataques del 11-S sirvieron para que EEUU se esforzase por entender al resto del planeta. La fiebre, de todos modos, duró poco. En 2004, la cobertura de noticias internacionales en las portadas de los periódicos había caído ya de forma drástica. Y la tendencia parece no haber tocado fondo. En una señal de los nuevos tiempos que corren, el diario "The Boston Globe" anunció hace un par de semanas que cerrará todas sus delegaciones en el extranjero para concentrarse en temas locales. Los menguantes ingresos publicitarios, la presión de Wall Street para que los medios mantengan sus márgenes de beneficios en torno al 20% y el aparente desinterés del ciudadano medio por lo que ocurre fuera de su país forzaron la decisión del periódico de Boston, un rotativo de solera venido a menos. Hiatt, quien hace dos décadas coincidió con dos "talentosos" reporteros del "Globe" como corresponsal en Tokio, contemplaba con preocupación la tendencia en su artículo del pasado 29 de enero. "En una era en la que (...) los separatistas de Filipinas pueden afectar de forma directa la seguridad de EEUU y cuando los que dirigen multinacionales como General Electric se quejan regularmente de que los estadounidenses no entienden el mundo, todos deberíamos preocuparnos sobre quién (...) informará desde el extranjero".



