Quince muertos deja el último ataque en Pakistán
Quince personas murieron en el último ataque ocurrido en Baluchistán, una conflictiva provincia del noroeste de Pakistán rica en gas natural donde los independentistas han recrudecido su revuelta tras una operación militar lanzada por el Gobierno
Quince personas murieron en el último ataque ocurrido en Baluchistán, una conflictiva provincia del noroeste de Pakistán rica en gas natural donde los independentistas han recrudecido su revuelta tras una operación militar lanzada por el Gobierno. Una bomba colocada por supuestos rebeldes separatistas en un autobús estalló este domingo en la zona de Kolpur y causó la muerte de quince personas y heridas a otras veinte. Horas antes, dos soldados y cuatro civiles habían fallecido en la zona de Sui, en la área de Dera Bugti, cuando supuestos rebeldes lanzaron cohetes contra un convoy militar que transportaba agua y suministros a las fuerzas de seguridad. Estos ataques son los últimos en una larga serie de sucesos violentos en Baluchistán, una provincia conocida por su riqueza en reservas de gas natural. Ese territorio ha sufrido constantes atentados desde hace más de un año a causa de frecuentes enfrentamientos entre los rebeldes baluch y las fuerzas de seguridad. La situación ha empeorado desde que, en diciembre pasado, el Gobierno de Pakistán inició una operación militar para combatir a los insurgentes, que exigen una amplia autonomía política y mayor participación en los beneficios de las reservas. Actualmente la amplia ofensiva de las fuerzas de seguridad está en marcha en las zonas de la provincia bajo control de las tribus Bugti y Marri. Según el jefe de la tribu Bugti, Nawab Akbar, la ofensiva militar conjunta del Ejército y las Fuerzas Aéreas del país ha costado la vida a más de 300 personas, en su mayoría mujeres y niños, desde el pasado 15 de diciembre. Unos 50.000 efectivos militares están permanentemente destacados en Baluchistán, además de unos 30.000 de personal paramilitar, según Nawab Akbar. El Gobierno alega que los líderes locales de las tribus Bugti y Marri son responsables de la crisis de seguridad por su oposición al desarrollo de la región. Mientras, los rebeldes insisten en que Islamabad les niega su parte de los beneficios obtenidos de las reservas de gas y que el desarrollo y el progreso político del territorio han sido ignorados por las autoridades. La actual operación en las áreas de Bugti y Marri siguió a una visita del presidente paquistaní, el general Pervez Musharraf, en diciembre pasado. Al coincidir con su presencia, ocho cohetes cayeron sobre un campamento policial cerca del pueblo de Kohlu, mientras dos oficiales policiales resultaron heridos en un enfrentamiento ocurrido al día siguiente. Posteriormente, efectivos de la policía y tropas militares lanzaron una operación masiva contra los insurgentes en Bugti y Marri, según los líderes tribales. Pero Islamabad y el Ejército insisten en que no estén implicados soldados en esa ofensiva y que la Comisaría Fronteriza es la única fuerza que opera en la zona. Mientras, el gobernador de Baluchistán, Owais Ghani, y su jefe del Gobierno local, Jam Yousef, han afirmado que hasta 2.000 rebeldes (conocidos como Fararis) han sido rodeados en sus campamentos y atacados por las fuerzas de seguridad. Los ataques de esos agentes en muchas ocasiones implican bombardeos indiscriminados contra la población civil, pero el Gobierno asegura que no haya civiles en las proximidades de los refugios de los Fararis. Sin que cese la violencia en esa cinturón tribal, la lucha armada de los nacionalistas separatistas baluch se ha convertido en una guerra interna entre las fuerzas apoyadas por Islamabad y la mayoría de la población de Baluchistán.




