La marea naranja toma Braga pero no consigue callar a los letones
El estadio de Braga se convirtió en territorio naranja en el que tan sólo un pequeño reducto quedó para los aficionados letones que, a pesar de estar en minoría, se hicieron oír.
Braga (Portugal).-- El estadio de Braga se convirtió en territorio naranja en el que tan sólo un pequeño reducto quedó para los aficionados letones que, a pesar de estar en minoría, se hicieron oír.La incansable afición de la "naranja mecánica", vestida para la ocasión con los más curiosos atuendos, dio, si cabe, más brillo al original estadio de Braga que está encajado en una antigua cantera y no tiene fondos.Los hinchas holandeses, con bombos incluidos, no dejaron de corear y bailar en las gradas para dar apoyo a su equipo que se juega el pase a cuartos de final en este partido. El único momento de seriedad fue para escuchar el himno nacional.Pero la afición letona no se dejó amilanar por la marea "naranja" y en ningún momento paró de dar aliento a los suyos. A pesar de estar en importante minoría, los hinchas se hicieron oír de todas las formas posibles, pero las palmas y los gritos fueron el principal argumento.Antes y durante el partido los seguidores de ambos equipos confraternizaron sin problemas y la rivalidad no pasó de los típicos cánticos. Juntas, las aficiones de las dos selecciones hicieron del Estadio de Braga toda una fiesta del fútbol.




