Santos necesita caballo de Troya para abrir puertas de Manizales
La ciudad colombiana de Manizales, ave fénix resurgida tras los incendios sufridos en la década de los años 20 del siglo pasado, espera volar sobre el Santos para, contrariamente a su lema, cerrar los accesos e impedir que al Once Caldas le roben el pasaporte a la semifinal de la Copa Libertadores.
Madrid.--- La ciudad colombiana de Manizales, ave fénix resurgida tras los incendios sufridos en la década de los años 20 del siglo pasado, espera volar sobre el Santos para, contrariamente a su lema, cerrar los accesos e impedir que al Once Caldas le roben el pasaporte a la semifinal de la Copa Libertadores.La afabilidad de sus gentes, que otorga a la capital del departamento de Caldas el título de "la ciudad de las puertas abiertas", se tornará hostilidad cuando las huestes de Vanderlei Luxemburgo, camufladas en algún "caballo de Troya" táctico, intenten soltar los cierres del muro infranqueable planteado por el entrenador local y que tan buen resultado le ha dado en el torneo continental.Santos y Once Caldas firmaron tablas (1-1) en Brasil, por lo que deberán ganar el jueves para obtener la clasificación. Un nuevo empate en tierras colombianas obligará a decidir en los penaltis.En una población tan taurina como Manizales, cuyos habitantes presumen de tener la plaza más importante de Colombia, el Once Caldas pretende hacer su mejor "faena" ante el equipo que le dio la "alternativa" internacional para, en su tercera campaña en la Copa Libertadores, entrar por la "puerta grande" a las semifinales, tras no pasar de la primera ronda las dos ocasiones anteriores.El Atlético Nacional es el único campeón colombiano inscrito en el palmarés continental (1989), aunque los propios medellinenses, el Deportivo Cali y el América de Cali disputaron varias finales.Y en Manizales, el Once pretende seguir soñando con cotas tan altas como el Nevado del Ruiz (5.400 metros), "chimenea" cercana a la ciudad caldense y que le confiere uno de sus más bellos perfiles.La ciudad, construida sobre suelo volcánico y arrasada por tres graves incendios (1922, 1925 y 1926), ofrece a su equipo un marco perfecto en el que resistencia y coraje pasan a integrar el decorado urbano como el símbolo por excelencia de la ciudad, la Catedral-Basílica, reducida a cenizas y erigida posteriormente.Su altitud, 2.150 metros sobre el nivel del mar, le confiere otro extra con el que compensar su "modestia" como club -fue fundado en 1959, pero no se reconoció por la Dimayor hasta 1961- y gracias a ella, no sabe lo que es perder en el estadio "Palogrande" en duelos internacionales.Tras once partidos disputados en su cancha, en las Copas Libertadores 1999, 2002 y 2004 y en la Copa Conmebol 1998, los manizalitas atesoran nueve victorias y dos empates, con un balance de 23 tantos a favor y sólo cinco en contra -nunca más de un gol encajado por encuentro-.La necesidad de Vanderlei Luxemburgo de encontrar un "caballo de Troya" con el que horadar la muralla local no sólo obedece al dibujo táctico que su homólogo Luis Fernando Montoya haga del partido, sino a la maldición que persigue a los conjuntos brasileños en Manizales.El propio Santos, que perdió 2-1 en la vuelta de la primera fase de la Conmebol´98 -aunque los brasileños ganaron en los penaltis-, y el Flamengo, que cayó 1-0 en la ronda inicial de la Libertadores´02, fueron damnificados por este gafe.Y por si esto fuera poca demostración de que la capital caldense se antoja inexpugnable para los brasileros, baste recordar que la selección "canarinho" cayó eliminada de forma sorpresiva en cuartos de final de la Copa América´01, ante Honduras (0-2).El Once Caldas, que luce desde el año pasado su segunda estrella en el escudo por el título local conquistado 53 años después del primero, tiene una deuda pendiente con sus aficionados, a los que, durante su época bohemia -cuando fue patrocinado por una industria licorera-, embriagaba con buen fútbol, pero dejaba una amarga resaca sin triunfos.Quizá por ello, cuando los seguidores entonen la legendaria canción "Soy colombiano" del tolimense Rafael Godoy: "déme un aguardiente (...)/de las cañas de mis valles y el anís de mis montañas/No me dé trago extranjero que es caro y no sabe bueno", Manizales comprimirá sus puertas para que el equipo, otro emblema de la ciudad, tenga la muralla a salvo de cuantos enemigos quieran atravesarla.




