El sistema de salud mental paraguayo se resigna a la condena
Confinados en cochambrosos y solitarios pabellones del Hospital Neuropsiquiátrico de Asunción, más de 400 enfermos sobreviven a la locura de un sistema sanitario "aberrante" y "medieval" incapaz de garantizar la dignidad de sus pacientes.
Asunción.--Confinados en cochambrosos y solitarios pabellones del Hospital Neuropsiquiátrico de Asunción, más de 400 enfermos sobreviven a la locura de un sistema sanitario "aberrante" y "medieval" incapaz de garantizar la dignidad de sus pacientes.La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dio hace cinco meses un ultimátum a Paraguay para que pusiera fin al "alarmante" déficit en la protección de los derechos humanos de un modelo sanitario "medieval" que proscribe a los enfermos y los condena al ostracismo social.Los internos son alimentados de manera deficiente, se abandonan al tabaco pese a las contraindicaciones médicas, se enfundan en andrajos y mantas infestadas de piojos y viven en apestosas celdas de aislamiento provistas de un catre y letrinas obstruidas."¿Tienes plata?, ¿me das plata?", pregunta un joven de algo más de 20 años, desdentado y fuertemente medicado. A duras penas mantiene el equilibrio con su pie izquierdo sobre una acequia por la que fluyen agua de lluvia y orín hasta un albañal casi tapado por una masa informe de objetos y sustancias.Tras supervisar el centro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, órgano dependiente de la Organización de Estados Americanos e instancia previa a la CIDH, emplazó al Gobierno a que "restringiera" el aislamiento y adoptara "medias sanitarias para evitar daños a la integridad personal de los pacientes".Además, exigió una urgente solución para dos adolescentes que habían vivido más de cuatro años encerrados.La organización no gubernamental Disability Mental Rights International (DMRI), que vela por los derechos de los enfermos mentales, y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) también reclamaron respuestas ante el grado de vulneración de los derechos fundamentales.A menos de un mes para que se cumpla el plazo concedido, los propios responsables del centro reconocen que, "con un 95 por ciento de posibilidades", serán enviados ante la Corte."Yo no podría estar en este lugar porque mi autoestima no me lo permitiría", reconoció a EFE la directora del centro, Nancy Monges, al explicar que hay un trabajo para derivar a otros hospitales a los internos, que en un 80 por ciento podrían vivir en sus casas con la medicación adecuada.Monges, nombrada hace dos meses por el nuevo Gobierno de Nicanor Duarte, se encargó de que los dos jóvenes, uno con autismo y otro con un "retraso mental importante", salieran de las celdas y fueran derivados a otro recinto, pero el resto de los enfermos siguen sin ser atendidos adecuadamente.Reivindicaciones sindicales, falta de compromiso del cuerpo médico, abandono de familiares que no pueden afrontar los costos de un tratamiento farmacológico inaccesible y el desinterés de una sociedad que da la espalda a "los locos" han dejado a la institución y a todo el sistema de salud en un punto muerto.Por resolución ministerial de 1999, que declara "insalubre" el trabajo en la institución, "`los médicos no pueden trabajar más de 36 horas al mes y las enfermeras 84 horas!", comenta textualmente un informe de junio de 2003 de la OPS sobre el centro.La propia OPS, en su último estudio, de mayo de este año, considera que es "casi imposible el control de la gestión de personal en este esquema", al subrayar que, a pesar del reducido horario, hay un absentismo laboral del 27 por ciento, en el caso de los psiquiatras, y del 28 por ciento en el de los psicólogos."Esto es aberrante y está siendo revisado, es imposible trabajar así, no existe una capacidad de involucrarse, de hacer un tratamiento activo, cuando están dos o tres horas (los médicos)", indicó Monges.La directora asegura que el funcionariado del centro no es consciente de la gravedad de la situación y de lo que significaría una condena contra Paraguay."Hablan del Estado paraguayo como de una figura etérea, no saben que son ellos, con nombres y apellidos", dijo.A falta de un mes para la verificación, Monges, que, según comenta, ha sido acusada de "avasalladora y autoritaria" por un funcionariado que no esconde su frustración por los bajos salarios y la crónica ausencia de los médicos, admite que las limitaciones presupuestarias y humanas le impiden encontrar los "medios para cambiar inmediatamente la situación"."Tengo ganas de darles de comer a todos, darles techo, no duermo tranquila, me da pavor, entonces, le ruego a Dios que les ampare", afirma resignada.




