Israelíes y palestinos pondrán una pica en la Antártida
Un grupo de ocho israelíes y palestinos, hartos de la violencia y las frustraciones políticas en Oriente Próximo, viajan a la Antártida, en el polo sur, para escalar y plantar la bandera de la paz en uno de sus picos helados y vírgenes.
Jerusalén.--- Un grupo de ocho israelíes y palestinos, hartos de la violencia y las frustraciones políticas en Oriente Próximo, viajan a la Antártida, en el polo sur, para escalar y plantar la bandera de la paz en uno de sus picos helados y vírgenes.Los alpinistas, la mayoría no profesionales, se embarcaron el sábado pasado con destino a Madrid y desde la capital española hacia Chile, donde comenzarán su expedición el próximo 1 de enero, informa hoy el diario The Jerusalem Post.Los únicos profesionales de la expedición son los israelíes Dorón Erel, de 44 años, que subió al Everest, el monte más alto del Himalaya y del globo, y Avihu Shoshani, abogado de profesión.La excursión es apadrinada por la organización promotora de la coexistencia por el deporte denominada Misiones Extremas de Paz, y cuenta con la bendición del Dalai Lama y del kuwaití Zedy al-Rifai, el primer alpinista árabe que escaló el Everest.Entre los expedicionarios hay una mujer, la palestina Olfat Hyder, profesora de gimnasia y ex jugadora de la selección femenina de balón-volea de Israel."Lo primero que pensé cuando me lo propusieron fue que se trataba de una locura, pero lo decidí en un día", dijo el abogado Ziad Daruish, uno los expedicionarios palestinos. "El mundo está harto de las iniciativas de paz en boga", hasta ahora frustradas, comentó.Erel, que practica el alpinismo en todos los continentes, dijo que "cuando uno vuelve de la paz de la naturaleza a esta zona demente, uno piensa ante las dificultades: ¿ qué hago? Pues hago esto"."Yo no soy ingenuo. No creo que vayamos a cambiar el mundo o traer la paz (entre israelíes y palestinos). Pero veo que los asuntos políticos que nos separan desaparecerán en la montaña", agregó.La empresa alemana German Telecom transmitirá diariamente imágenes de los alpinistas en la Antártida. Por su parte, dos cámaras, un francés y un israelí, rodarán un documental."Nosotros podemos probar que palestinos e israelíes vamos como un sólo grupo, no dos, y que juntos superaremos los obstáculos y los peligros en la Antártida. Un israelí me echará una mano a mí y yo una a él, esto es muy simbólico", agregó Daruish, de 53 años.El nombre oficial de la inusitada expedición al polo sur, cuyos miembros irán acompañados de un segundo equipo, dos guías de montaña y un médico, es "La familia de los que quiebran el hielo".Daruish informó de la expedición al presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yaser Arafat, quien le dijo: "Ve hasta el fin del mundo para demostrar que los palestinos desean la paz".Un hermano del abogado palestino resultó muerto en una operación del Ejército israelí en 1982.Entre los improvisados alpinistas palestinos hay dos que pasaron por cárceles de Israel, Suleimán Jamal Hatib, de 32 años, militante del movimiento Al Fatah, y el entrenador de fútbol Naser Quos, de 35, que estuvo preso tres años por arrojar una bomba incendiaria contra soldados israelíes durante la primera "Intifada" (1987-1993).Uno de los israelíes sin experiencia en ese deporte es Yardén Fanta, de 33 años, miembro de la comunidad de los "judíos negros" de origen etíope. Fanta, que llegó a Israel desde Sudán a los 13 años siendo analfabeto, cursa un doctorado universitario.Erel, el profesional que organizó la expedición, debió conseguir de las autoridades militares israelíes los permisos de salida para los palestinos, todos de Cisjordania."No le pregunté a ninguno de ellos cuáles son sus ideas políticas; no tenemos que acordar ni firmar ningún tratado, sólo tenemos que escalar la montaña", dijo el alpinista israelí.La expedición se prolongará durante 35 días, de los cuales pasarán de siete a diez en la Antártida, en plena estación estival, lo que permite suponer que podrán escalar un monte aún sin determinar a fin de izar la bandera de la paz sin tener que afrontar los huracanados vientos de la región, que llegan a 100 kilómetros por hora.




