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El control de la arena del desierto prioritario para desarrollo

La lucha contra el viento y las tormentas de arena del desierto que enterró prósperas ciudades de la Ruta de la Seda, en la que Hetian fue famosa por el jade blanco, las alfombras y la seda hace 2000 años, es actualmente una prioridad para las autoridades chinas.

Hetian (Xinjiang, China).--- La lucha contra el viento y las tormentas de arena del desierto que enterró prósperas ciudades de la Ruta de la Seda, en la que Hetian fue famosa por el jade blanco, las alfombras y la seda hace 2000 años, es actualmente una prioridad para las autoridades chinas.
El científico Zhang He Nian, que dedicó su vida al desarrollo de métodos para frenar la erosión y controlar la arena y que consiguió "retirarla" 100 metros en 20 años, explicó la dificultad de ver y respirar en esta zona "donde el viento trae arena 90 veces al año de abril a septiembre y a veces acumula hasta varios centímetros de espesor".
"Para conseguir terreno libre de arena flotante, primero se debe detener su circulación, pero también disminuir su cantidad pues observamos que origina niveles muy altos de tuberculosis (dolencia respiratoria) en la población", afirmó Zhang a un grupo de periodistas.
El "Sistema de Control de Arena" desarrollado por su equipo logró conseguir también una producción intensiva de algodón en terrenos "liberados" pero con contenido de otros ricos elementos.
Tras mostrar con orgullo el premio del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) en 1996 por su proyecto piloto, Zhang destacó que ya plantan árboles para forestación en verano aunque se comenzó en primavera y otoño por más abundancia de agua.
Hetian continúa con las tradiciones milenarias de extraer el jade blanco de las aguas del río que lleva el nombre de la preciada piedra y que, según fuentes locales, todavía guarda alguna para los buscadores.
A orillas del río del Jade Blanco, y a 30 kilómetros al sur, se encuentran los muros ruinosos de la que fue próspera ciudad de Melikawat abandonada hace más de mil años y que ningún estudioso de la Ruta deja de visitar.
La plantación de olmos, arizónicas y plantas que resisten la alta salinidad del terreno en carreteras, campos petrolíferos y pueblos como Cele, donde en 1987 la arena enterró 60 casas de primera línea, proclaman la voluntad de Pekín de evitar que la arena acabe con sus planes económicos.
Inversiones millonarias del Gobierno y de la petrolera estatal Petrochina intentan evitarlo.
"Claro, no se trata de controlar el desierto sino de evitar que la arena invada más superficie. Las plantas reciben agua de pozos por irrigación de goteo en tuberías que funcionan con la electricidad producida por gas", declaró Chen Shi Hong, que dirige la plantación vivero cercana al campo de Tazhong.
La Ruta, o camino a occidente, llegó a ser una de las arterias más importantes del comercio y la cultura desde que el emperador envió a Zang Qiang a buscar aliados en el oeste contra las tribus que invadían desde el norte y regresara trece años después con relatos de un mundo que llegaba hasta Persia y el Mediterráneo.
Un siglo antes de Cristo una docena de largas caravanas cruzaban anualmente el desierto llevando a occidente jade, porcelana, laca y seda desconocida hasta entonces en el oeste y cuya obsesión en el Imperio Romano amenazó con hacer tambalear sus finanzas.
Al intercambio de mercancías como seda, naranjas, melocotones, peras, rosas, crisantemos o dinamita por uvas, sésamo, nueces, lana o lino siguieron las ideas, artes y religión, como el budismo, que creó monasterios, templos y grutas a lo largo de la Ruta y que en el siglo octavo ya habían llegado a todo el Imperio.
La rama Sur de la Ruta, que se una a la Norte en Kasghar tras atravesar el desierto de Taklamakan, cayó en el olvido por el abandono de ciudades que cubrió la arena, pero el descubrimiento de petróleo la revitalizó con la actual construcción de carreteras que siguen parte de su trazado y facilitan su explotación.
Viajeros famosos de la antigûedad la utilizaron, como los peregrinos budistas Faxian y Xuan Zang, Marco Polo y en la época moderna el escritor británico Peter Fleming.
Los puertos montañosos Karakoran y Thorugu que unen China con Asia Central (Pakistán y Afganistán), paso obligado hace mil años de la Ruta, fueron reabiertos tímidamente en los últimos años para facilitar también la expansión del comercio chino hacia occidente.

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